Tapar el sol con un dedo
María Gracia Subercaseaux enfrenta el inicio de la actividad sexual de los hijos.

(c) María Gracia Subercaseaux
Ser madre es lo mejor que me ha pasado en la vida, sin embargo, es una pega dura que te desafía y te enseña todos los días, debes estar muy concentrada porque la habilidad y las cabezas de los niños hoy son completamente diferentes a las nuestras a sus edades. Podría decir que es el perfecto equilibrio entre goce y agotamiento, así se viven cada una de las etapas de su crecimiento hasta que llegamos a la adolescencia y ahí quiero detenerme.
Tengo dos hijos, una mujer de casi catorce y un chico de doce y reconozco que recién estoy entendiendo que esto es precisamente lo que tantas veces escuchamos de nuestras abuelas: “niños chicos, problemas chicos; niños grandes, problemas grandes”. En esta etapa ese equilibrio se empieza a cargar hacia un lado.
Si antes el llanto descontrolado era por hambre o por quien se iba adelante en el auto – lo que rápidamente lograbas manejar- ahora, las lágrimas son de amor y son tan profundas que te parten el alma, generan una impotencia bárbara y unas ganas de que ese sufrimiento se deposite en ti para aliviarlos… uf hace cuanto tiempo uno sintió lo mismo. Olvidé ya, que a esa edad se muere de amor.
Y no solo esa arista del que adolece se hace presente, hay muchas más que he empezado a descubrir sobre la marcha pero una en especial, pienso, nos toma el nervio a las madres, los pololeos. Como estar presente, más no invadir, como cuidar para no convertirse en paco, cuanto confiar sin dar responsabilidades que ellos no podrán tomar, cuanto sostener y aliviar sin sobreproteger y qué consejos seguir frente a los nuevos escenarios de enfermedades que los podrán atacar de aquí en adelante.
El año pasado fue la primera vez que escuché hablar del Virus del Papiloma Humano y de las posibilidades reales de contraer cáncer cérvico-uterino si éste no es tratado o descubierto a tiempo. En Chile esta patología mata a una y media mujer por día, es por eso que los médicos le dan tanta importancia a la realización del examen Papanicolau una vez al año, ya que este test detecta el 95% de esta enfermedad en un estado en que todavía no se ve a simple vista.
Últimamente me he encontrado con varias publicaciones y he prestado especial atención a las recomendaciones de algunos ginecólogos de vacunar a las niñas, sobre todo antes de que se inicien sexualmente, lo que hoy para una madre es bastante difícil de precisar, no solo porque los datos del Consejo Nacional de la Mujer indican que todos los años la edad del primer encuentro amoroso tiende a descender, si no también porque ese es un tema que las adolescentes por lo general ocultan a sus padres cuando no es a la edad debida. Como dice el título del libro de la periodista Beth Harpaz “Los 13 años son los nuevos 18”.
La pregunta entonces es ¿qué debo hacer para no exponer a un posible contagio a mi hija? la que en algún momento de su vida, ojalá lo más tarde posible, tendrá relaciones.
Hay padres que podrán pensar que las buenas costumbres y los valores cristianos que les han inculcado a sus chicas las harán llegar vírgenes al matrimonio o que tendrán pareja única y eso las protegerá de contraer algún virus. Otros habrán pasado horas conversando seriamente sobre la importancia de la madurez y del amor a la hora de enfrentarse a un encuentro sexual, de la necesidad de los preservativos para cuidarse de las enfermedades de transmisión sexual y de los anticonceptivos para evitar embarazos no deseados.
Lo cierto es que actualmente en Latinoamérica, una de cada tres personas adultas sexualmente activas son portadoras de la infección del Virus del Papiloma Humano. Algunos lo ignoran debido a la ausencia de síntomas físicos, aún así son víctimas de la infección y contagian a su pareja sexual. Ante esas cifras y otros datos como que en Estados Unidos han fallecido 18 niñas tras ser vacunadas y más de 18.000 han sufrido “efectos adversos”, la decisión se vuelve cada vez más compleja.
En este preciso momento tengo una orden médica para la vacuna guardada en el cajón de mi velador y no he sabido que hacer, sin embargo tengo claridad absoluta que mis temores radican única y exclusivamente en los efectos secundarios que esta pueda tener y no que con ella se promovería la promiscuidad sexual, como algunos padres proclaman. Eso es tapar el sol con un dedo.
Para ver más fotografías entra a María Gracia Subercaseaux.
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5 Comentarios
Tapar el sol con un dedo
Leia la columna sobre el aumento en el numero de contagiados y la baja en la edad de estos, por el cancer bucal. Que se une a este tipo de cancer, ya que lo produce un papiloma humano.
ResponderYo no tengo hijos, aun me encuentro en la etapa de la vida en la cual mi maxima preocupacion soy principalmente yo. Pero creo este tema es urgente de debatir y ponerle freno, si tenemos la posibilidad de prevenir este tipo de enfermedades, ese es el punto importante. La promiscuidad queda en un segundo plano, y quizas mas atras, segun lo que creo. Deberia ser un tema de salud publica.
Yo empece a realizarme los papanicolau hace poco, y me sorprendio la reaccion de mis cercanas; dicen que duele caleta, te dolio cierto?, es un cacho que tenemos que soportar las mujeres, me carga hacermelo asi que lo dejo para ultima hora... y asi suma y sigue. La verdad es que a mi solo me incomodo un poco, y creo que el examen tiene tan mala fama, la cual solo ayuda al asistir con temor al ginecologo, o peor aun no hacerlo. Yo ahora le hago propaganda entre mis amigas, porque entiendo que es un tema real y mortal el dejarlo pasar, y les cuento mi experiencia diciendo; no es nada!
Espero que hallas utilizado la orden para tu hija, saludos
Hola!
ResponderEs complicado lo del efecto "sobre el camino" de las vacunas nuevas, más si son "de amplio rango de acción", prefiero mil veces los exámenes preventivos, en hombre y mujeres, esa cuestión arcaica del miedo al doctor no puede ser, estamos a 2009, ni que fueran carniceros. Los perfiles bioquímicos y el papanicolau (no duele, la instrumentación puede ser algo helada por el metal, pero nada más que eso) en mujeres, y prostático y de pene en hombres (oye, no se van a voler pérfidos si los manipulan un rato con guantes jajajaja), son necesarios de hacerse una vez al año cuando se es adulto sexualmente activos. No solamente se ven los problemas venéreos, sino que los hormonales, metabólicos, de plaquetas, que andas anémico, etc. a tiempo. La medicina preventiva ahorra mucho $$ a pacientes y país.
Y sobre los cabros chicos que andan apurados con el pololeo, es porque sus padres no se han preocupado lo suficiente de ellos, se cuidan solos prácticamente y buscan amor (inmaduro) entre sus pares. Sus cuerpos y mentes no están lo suficientemente preparados para responsabilidades mayores que jugar y estudiar. El sexo es el premio de la adultez o no? que se lo ganen poh! shist!
El otro día conversaba con un amigo oncólogo y obvio que recomienda a todas las mujeres en su familia a vacunar a sus hijas cuando son chicas.
ResponderPienso que el tema no va por la promiscuidad sexual, si no por evitar un mal mayor. En Estados Unidos y otros países desarrollados el cancer de cérvix casi no existe. Lo ideal es que vayamos hacia allá y estas son alternativas que pavimentan ese camino.
En Australia, el año pasado ponían gratis la vacuna. Ojalá Chile hiciera lo mismo,
Aun no soy madre.. pero cuando escuché lo de la vacuna un par de meses atras, no dude en pesar seriamente en que seria muy bueno para mi hermana menor (tiene 24) justamente por que poder regalarle la tranquilidasd de prevenir alguna de las enfermedades que como mujeres o seres humanos estamos expuestas, es aun , por desgracia, un privilegio, pero si esta en tus manos... yo sigo sin dudarlo.,
ResponderNo soy madre y probablemente no lo sere, pero comparto tu preocupacion por el tema, y entiendo completamente tus dudas, que te han hecho dejar la orden bien guardad en un cajón. Realmente en tu caso, no sabria qué hacer. Me encantó tu columna. Simple, directa y sin ninguna vulgaridad, siendo el tema tan complejo y lleno de aristas de moralina.
ResponderFelicidades.
Nancy.
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