Pura tentación: copas de chirimoya
(cc) Flickr.com/casimira parabolica
Tenía los platos con chirimoya reservados para cuando fuera el pick de esta fruta, pero ayer entré al supermercado y todo cambió. Mis convicciones -profundas- se dejaron llevar y tentar por unas chirimoyas listas para comer, aromáticas de tamaño justo. Cuatro al carro al tiro, la vuelta a la realidad vino al pagarlas, costaba como dos lucas y media el kilo. Pero bueno, el pecado ya estaba cometido.
Un postre delicioso, pero con mala vejez, una vez hecha las copas hay que comerlas de inmediato, al otro día ya nada de los espumoso y albo de los colores estará presente.
Lo doloroso vino en casa, cuando hubo que deshacerse de cáscaras y pepas, como un kilo a la basura. Sin pensar tanto en los detalles más sucios de la cocina me lancé a esta rápida y fácil preparación que lo único que requiere previamente es tener un tarro de leche evaporada bien frío y unas bonitas copas para presentar el postre. La leche evaporada se bate hasta que duplique su tamaño para luego agregarle 2 cucharadas de jugo de naranja y media taza de jugo de limón.
Se toma medio kilo de chirimoya (la pulpa) y se separa en dos partes. Una mitad se muele con azúcar flor y se agrega a la leche evaporada. La otra mitad se suma en pequeños trozos. Cuando está todo mezclado se echa a las copas y de ahí a enfriar un rato.
Para la decoración mi maestra sugiere utilizar frutillas. Yo pienso que con julianas de naranja y limón, o su ralladura también se le puede dar un toque, a gusto del consumidor.
La verdad es que la espuma quedó deliciosa, genial además encontrarse con trozos de frutas y por cierto que ante mis ojos se abrió un mundo de posibilidades ya que la misma receta se puede aplicar a prácticamente cualquier fruta. De partida todos los berries, o kiwi, o duraznos, o damascos. Y ahora que lo pienso, cómo quedará una versión salada, de espárragos por ejemplo. De todas maneras me lanzaré manos a la obra para probar.
Eso sí, como buena espuma, advierto que hay que comerla el mismo día. Como mi espuma fue más bien para un baño de tina, me llené de copas y las seguí saboreando los días siguientes, pero la chirimoya se oxida, el jugo se va al fondo y la espuma se transforma en aire.
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