Un acierto: Quiche Alsacianne
No está nada fácil colgarse el delantal estos días. Es verdad que queda más del 50% del desafío esperando ser cocinado, sin embargo ya no se hace tan fácil escoger la receta precisa. De partida, cuando el frío arrecia, la temporada de sopas debería estar en su peak, pero las hice casi todas al comenzar. Es que me encantan.
De sabores suaves, cremosa, la masa siempre un acierto. Le faltó la compañía de una buena ensalada.
De los postres ni hablar. Es que también me encantan, a si que están prácticamente todos cubiertos. Quedan varios mousse y soufflé pero los niños se niegan a esas “espumas tuyas”. el único camino aquí es apelar al olvido para empezar a prepararlas de nuevo. Lo mismo ocurrió con los quiche, sólo falta uno de hígados -para el que me preparo mentalmente- y otro de jaiba para el que lo hago económicamente. Pero di con esta quiche, ahí perdida, y que podía ser un plato tibio y rico para cerrar el viernes. Además, tenía todos los ingredientes en casa, lo que era un plus porque no tenía ánimo para recorrer pasillos.
Para la masa, como todas las anteriores: 200 gramos de harina, 100 de mantequilla, un huevo, sal, un poco de agua. La verdad es que resulta muy bien, fina, nada de dura, del tamaño justo para el molde. Igual tengo mis dudas con el libro, porque, por ejemplo, para el Quiche Lorraine, la receta dice 150 grs de harina y para la Quiche de Tomates, la masa no pide un huevo sino solamente la mantequilla y agua, en fin.
La cosa es que se amasa y se deja reposar en el refrigerador de dos a tres horas. Yo hice esto las primeras veces, pero descubrí que si uno está falto de tiempo, no es tan terrible saltárselo, en mi humilde opinión, no noté grandes diferencias. La masa luego se va al horno bien picnchada por 10 minutos, de ahí se saca se cubre con papel aluminio y se rellena de porotos para volver a meterla al horno por 15 minutos. La idea aquí es que la masa no se suba. También me he saltado este paso y no he notado grandes diferencias, bien pinchada y de una vez funciona super, digo, por si se quiere ahorrar tiempo.
Para el relleno no hay que ahorrarse nada. Una cebolla picada finamente se lleva a un sartén con tres cucharadas de mantequilla y una cucharada de aceite vegetal. La idea es que quede blanda y algo dorada. Aparte, se bate -aquí nunca se si es a mano o con batidora, pero por las dudas usé esta última- una taza de crema, 3 huevos, dos yemas, y una taza de leche hervida y enfriada a lo que se le suma pimienta de cayena y sal. Se mezcla todo con la cebolla, se pone todo dentro de la masa ya lista y al horno nuevamente por 25 minutos.
Me pasó que el relleno quedó realmente líquido, por lo que fue clave que los bordes de la masa quedaran altos y sin agujeros -de los cuales sí tenía uno-. La consecuencia es que se escapó algo de líquido y fue muy difícil despegar el molde. Ojo con eso. Mi maestra sugiere usar siempre mantequilla sin sal por dos cosas: la primera ayuda a condimentar mejor las comidas y, la segunda, es conseguir darse cuenta que la mantequilla está fresca ya que la sal oculta lo rancio. ¿Qué tal?
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