Cuando hay paltas, hay que aprovecharlas en todas las recetas: Mousse de palta

El año que nos tocó vivir en Boston con recursos de beca estudiantil dejó marcado en mi memoria el sabor prohibitivo de las paltas. Definitivamente no eran aptas para un presupuesto al justo como el nuestro y estaban lejos de convertirse en esa bolsa de kilo y medio que solía cargar una semana cualquiera en el carro de supermercado cuando estábamos en Santiago.

Cuando abunda, qué mejor que prepararla de 1000 formas. Qué mejor festejo bicentenario que honrar nuestra clásica palta. Qué hablar de los limones, cero posibilidad. Quizás por lo prohibido es que más ganas daban de saborearla. Ni hablar lo que me sucedía cuando turisteávamos por los pasillos de Bread&Circus, nuestro supermercado orgánico local. Depresión. Demás está decir que este sentimiento no era para nada compartido por argentinos, peruanos, colombianos, ecuatorianos, etc. esto era algo de chilenos.

Por lo mismo, cuando teníamos algún festejo, yo me sentía con el derecho de comprar una palta y un limón para saborearla así, simple, a cucharadas y lentamente. Cuento todo esto porque presumo que, como a mí, la palta ha estado desde siempre: molida a la hora del té, para el desayuno, en el sandwich de colación, en el completo, en las hamburguesas, en los cumpleaños infantiles, en cualquier picoteo. Da lata cuando no encontramos ninguna madura en el super o la feria para comer al tiro y somos expertos en hacerlas madurar en papel de diario.

Los exportadores nos taparon hasta el cuello de los saldos de hass, pero también están en invierno y primavera la Negra de la Cruz y la Californiana. Así, mientras la negra se caracteriza por ser lechosa, la californiana por ser cremosa y la hass aceitosa. Qué mejor mes de septiembre bicentenario que comer más paltas de la cuenta y este mousse en días de calor vale la pena. Se hace en 10 minutos, los ingredientes son muy simples, y su sabor es indescriptible, como la palta.

Se mezclan dos tazas de puré de palta con una de crema fresca bien batida (lo hice igual que chantilly) otra de mayonesa (la helmans supreme funciona muy bien). Para la consistencia se disuelve un sobre de gelatina sin sabor en media taza de caldo de pollo frío el que se calienta sin que hierba antes de agregarlo a toda la mezcla. En un molde mojado se vacía el puré y se refrigera por cuatro horas. Para servirlo se desmolda, lo cual tiene su ciencia y se baña con una salsa hecha de mitad mayonesa, mitad crema ácida, y un mix de ciboullete, perejil y estragón picado muy finos.

Creo que no tengo mucho más que agregar, aparte de que lo comimos a cucharadas entre chicos y grandes. Como detalle, la palta la molí con tenedor por lo que quedó con mini trocitos y le dio un toque rústico que a todos les gustó, todo esto desparece si se muele con la minipimer donde queda completamente perfecto, liso, verde sin matices. Es una cuestión de gustos. Mi maestra da más opciones para este mousse que suena increíbles. Usar un molde largo y alternar capas de mousse de palta con mousse de salmón ahumado o de queso roquefort, qué tal. Para quedar sin aliento.

powered byDisqus