¿Por qué engordamos? La mente puede ser mucho más importante que una dieta
-Cuando entramos a esta época del año, en este lado del mundo, aparecen por todas partes artículos que hablan de dietas, la primavera, la mejor forma para enfrentar el verano, qué deporte practicar para llegar “bien” a las vacaciones, qué alimentos son más sanos y un sinnúmero de recetas en base a lechuga. Yo ahora, sumándome a los típicos artículos de comienzo de estación, les quiero decir por qué, en lugar de fijarnos “en lo que comemos”, es mejor concentrarnos en “por qué comemos en exceso”.
Nos gusta empezar tarde y encima queremos que nos resulte bien y rápido, ¿por qué esperar hasta la llegada de la primavera para comer mejor? Si lo podemos hacer bien durante todo el año y no sólo a través de dietas, sino con el poder de la mente. Según Nutrición y Dietas, muchos estudios dicen que la mitad de quienes sufren obesidad, tienen asociado algún trastorno psiquiátrico y por eso es importante, antes de elegir qué dieta seguiremos, definir si nuestra relación con la comida se basa en algún tipo de necesidad psicológica que queramos suplir: placer, ansiedad, angustia, etc.
Si es así, podremos realizar la dieta e incluso perder peso, pero al momento de acabar con ella, volveremos a recuperar lo perdido. Para evitar estas subidas y bajadas, debemos identificar primero cuáles son nuestras falencias que favorecen la sobrealimentación,así las podremos asumir y remediar cambiando nuestra conducta. De hecho cuando se realizan dietas muy estrictas, la comida se convierte en una obsesión, al terminar los días de “calvario de la alimentación sana”, nos atoramos con tanta comida y subimos lo que habíamos bajado.
No existe una clara separación entre las razones fisiológicas, como tener hambre, y las razones psicológicas, como estar triste, que nos llevan a comer en grandes cantidades. Y por eso que a veces tenemos una sensación de hambre falsa, es decir, por culpa de nuestra ansiedad creemos que vamos a desfallecer en cualquier momento si no nos comemos una hamburguesa, punto absolutamente falso, porque una persona con problemas emocionales difícilmente podría distinguir si esas ganas de comerse la hamburguesa son reales.
O sea que, antes de elegir la dieta, hay que determinar nuestra estado emocional.
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