Una completa revelación. La verdad es que la reineta no es un pescado que me vuelva loca, lo encuentro seco, medio latigudo, en fin, lo compro porque tiene la gracia de ser muy bondadoso con las espinas. Los camarones salteados en ajo quedaron tan ricos, que bien vale la pena ser considerados como un plato […]


(cc) Flickr.com/Dubo.cl

Una completa revelación. La verdad es que la reineta no es un pescado que me vuelva loca, lo encuentro seco, medio latigudo, en fin, lo compro porque tiene la gracia de ser muy bondadoso con las espinas.

Los camarones salteados en ajo quedaron tan ricos, que bien vale la pena ser considerados como un plato único. Se merecen más que ser parte de la salsa.

Por razones del desafío me entregué una vez más a esta especie con bastante recelo, derretí la cucharada de mantequilla, agregué otra de aceite y doré los filetes ya sazonados en sal y pimienta por cada lado o, como dice mi maestra, “hasta que pierdan la transparencia” y los dejé aparte. Seguían bastante desabridos.

En el mismo sartén se dora un diente de ajo molido y se incorpora un kilo de camarones (calculado para 8 filetes de reineta, yo achiqué las cantidades), salténadolos por dos minutos. Para mí, ahí estaba el verdadero plato, el aroma, el sabor… me hubiera comido los camarones ahí mismo. Definitivamente un plato aparte. Ya listos y calientes so vierten arriba de los filetes de pescado.

Y ahora la salsa: 5 tomates pelados y despepados y cortados muy pequeños esperan su minuto. en una cacerola se hierven 2 tazas de caldo de pescado bien concentrado y se va agregando lentamente 1 taza de aceite de oliva. La idea es ir batiendo con el batidor para que la mezcla se una. No creía mucho, pero resultó perfecto. Se le agrega el tomate, se cocina por dos minutos, y se suma albahaca fresca en tiritas.

Yo tomé la salsa y la vacié sobre mi fuente que estaba a la espera y luego la dejé en el horno a la espera de los niños. Al poco rato, el plato era otro, la reineta, sabrosa y blanda, los camarones ni qué decir, la salsa de tomate, sabrosísima. Un acierto completo.

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Sobre el autor

Cristina es chilena, microempresaria y madre de tres hijos. Inspirada por la película Julie & Julia se autoimpuso el desafío de preparar a lo largo de 1 año las 700 (exacto!) recetas que aparecen en el libro La Buena Mano, de la chef Lucía Santa Cruz. En Belelú compartirá todas sus experiencias intentando cumplir esta misión.

Hace años que se viene hablando de las grandes empresas transnacionales que subcontratan fábricas en países con gran riesgo social ya que de esta manera abaratan costos. El grave problema es que las segundas también tienen el mismo objetivo y para esto tienen paupérrimas condiciones laborales, sus trabajadores a diario se encuentran sometidos a tratos esclavizantes e incluso emplean a niños y los explotan. De acuerdo a la cifra entregada por Organización Internacional del Trabajo (OIT), en el mundo hay más de 168 millones de niños trabajando, especialmente en la industria de la moda.

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Sin embargo, existe una organización sin fines neozelandesa llamada "Child Labor Free" que nació con el objetivo de crear una etiqueta ética la cual acredite que las empresas que la usen no están relacionadas al trabajo infantil en ninguno de los procesos de producción de sus productos. Claro que para esto, la empresa debe someterse a la auditoría independiente de la consultora Ernst & Young. Michelle Pratt es la directora general y fundadora de Child Labor Free y declara que el trabajo de protección a los niños en la industria de la moda se encuentra en paralelo al de los productos con etiqueta "cruelty free" en la fabricación de cosméticos.

libre-de-esclavitud-infantil

"Child Labor Free" cuenta con el apoyo de UNICEF y ya tiene un prototipo de la etiqueta que será presentada en la próxima semana de la moda de Nueva Zelanda.

Caso GAP y Victoria’s Secret

[caption id="attachment_523820" align="aligncenter" width="660"]Child Labor In China Niña China trabajando en el algodón.[/caption] Existen diversos casos al rededor del mundo. Un ejemplo es el de GAP que en 2007 se convirtió en un gran escándalo tras conocerse la investigación del Sunday Observer que reveló que la marca usaba niños para hacer camisetas para niños. ¿Irónico no? También muy conocida es la historia de lo ocurrido con Victoria’s Secret en 2008, la compañía de lencería más famosa del mundo lanzó una campaña publicitaria asegurando que el algodón usado estaba libre de pesticidas y provenía de tratos justos. El asunto es que un año después Bloomberg News publicó una historia que rompería el corazón de millones de fanáticos de Victoria’s Secret en todo el mundo. El medio especializado en economía, informó que en la recolección de este algodón se usaba a varios niños ya que sus manos eran más pequeñas y rápidas, mucho más eficientes para este trabajo. Además, hubo una historia que particularmente la mayoría recuerda y es la de una niña de 13 años que era obligada a trabajar por su padre adoptivo. Ella debía hacer los surcos donde luego se plantaba el algodón y además estaba en pésimas condiciones alimenticias.

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Sin embargo, existe una organización sin fines neozelandesa llamada "Child Labor Free" que nació con el objetivo de crear una etiqueta ética la cual acredite que las empresas que la usen no están relacionadas al trabajo infantil en ninguno de los procesos de producción de sus productos. Claro que para esto, la empresa debe someterse a la auditoría independiente de la consultora Ernst & Young. Michelle Pratt es la directora general y fundadora de Child Labor Free y declara que el trabajo de protección a los niños en la industria de la moda se encuentra en paralelo al de los productos con etiqueta "cruelty free" en la fabricación de cosméticos.

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