Educación sexual… “¿para qué dijo que era, señor Ministro?”

Una vez más, el señor Lavín y yo estamos en veredas opuestas.

Es que no debiera ser para evitar abusos sino para aprender a conocer, cuidar y respetar. Uno mismo y a otro. No puedo creer que el tipo venga y diga que la Educación Sexual en la básica es porque: “Hoy el tema del abuso infantil se da con niños de tercero y cuarto básico. Un niño tiene que aprender que nadie se puede acercar a su cuerpo de la forma que él no quiera, tiene que aprender a contarlo a sus padres o a sus seres queridos" (El Mercurio, C1).

Por qué una y otra vez el Ministro empieza a enseñar de atrás para adelante. La Educación Sexual en los niños es para que reconozcan las diferencias entre hombres y mujeres, físicas y emocionales, para así entablar relaciones sanas durante la vida.

Sanas, digo, como que nadie violente a nadie de ninguna manera. Sana como que entiendan que no es normal andar toqueteando a nadie que no quiere, es más, que hasta cierta edad no hay que toquetear a nadie. Educación Sexual para prevenir Enfermedades de Transmisión Sexual (ETS) y embarazo adolescente que son mucho peor en cifras que los abusos y finalmente, para que los niños reconozcan conductas inapropiadas en sí mismos y en otros.

Pero… ¿es necesario decirle a un niño qué es inapropiado? A mí me parece que el tema del abuso debe ser abordado desde la segurización del menor en que no importa lo que le digan debe denunciar y detenerlo a penas pueda, más que decirle lo que “está bien o no”. El niño podrá saber que está mal, pero es el adulto el que ejecuta una acción, no el menor, entonces, ¿cómo podría detenerlo?.

Que haya más denuncias no va a implicar que haya menos abusos. No hay cómo asegurar la relación directa entre ambas cosas, por lo que el enfoque de incluir la sexualidad en la educación escolar debe ir hacia el cuidado, respeto y reconocimiento de cada uno y de los otros. Más denuncias sólo implicarán más acusaciones y juicios, lo que podría (o no) disminuir el número de abusos.

Los jóvenes deben entender los riesgos de una sexualidad irresponsable, más que decirles que son “unos cabros chicos”. Incorporar el fantasma del SIDA, Herpes y otras ETS como los peores escenarios. Porque es la muerte a lo que más le tememos, no a la vida. Un embarazo puede parecer el fin del mundo, pero siempre es posible seguir viviendo. En cambio, el temor a la muerte es más fuerte.

Por otro lado, el proyecto habla de “retrasar la edad de iniciación sexual”, no me parece tan simple. Especialmente si al leer los nombres de los talleres que se impartirán, escucho de nuevo a académicos que no consideraron a su público objetivo, sino que en su soberbia ciega creen que jóvenes extasiados de hormonas y sobrepasados el despertar sexual van a aprender algo de su charla sobre "Adolescencia, tiempo de decisiones" o "Sexualidad, autoestima y prevención del embarazo".

Los estudios del CONASIDA demuestran hace rato que las personas saben cómo prevenir el embarazo y el SIDA, pero deciden no hacerlo. Y a eso debemos apuntar. En lenguaje y manera que los niños y jóvenes escuchen.

Primero hay que ir a los escolares, ver qué quieren aprender, cuáles son las necesidades y a partir de eso generar actividades, talleres, charlas y demases que no sólo cumplan esos objetivos sino que de pasadita nos permita pasar lo que queremos a sus mentes hiperventiladas de sexo.

Finalmente van a incluir la Educación Sexual a mismo tiempo que se capacita a los profesores. ¿Es necesario decir que la carreta delante de la yegua nunca es buena idea?

No sé quién hace los planes en el Mineduc y ya me están dando ganas de conocerlo/a. Para puro entender su sinapsis, casi con morbo científico. Con cada “avance” que muestran, me dan ganas de gritar. Pero no me queda mucho que hacer, más que patalear desde esta humilde vitrina.

¡Valor!

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