Cintillos, tocados y cintas ¿Te gustan?

Los puso de moda Leighton Mester en su rol en Gossip Girl. Siempre con un aire incocentón, mezclando zapatos de taco con calcetines largos, el complemento ideal eran los cintillos de todo tipo que usaba siempre.

Los recordamos en la boda real: se obliga que las asistentes se coloquen sombrero, pero la moda ha ido flexibilizando pamelas de ala ancha por sombreritos pequeños con intrincados tocados, como los de las hijas de Sarah Ferguson. Francamente, no entiendo el porqué de esta conminación. No le veo sentido. Quizá sí le veo sentido al especificar cuál debe ser el largo y colores de los vestidos; nada que ver que alguien ande de negro (es como de luto) o de blanco (igual que la novia, aunque Pippa Middleton, la madrina, igual no más andaba de blanco). Muchas novias han cambiado el velo por un tocado, corona o tiara, o han incorporado los dos elementos. Yo lo conocía con el nombre de toca y casi no se ven caminantes al altar sin al menos algo en su cabeza.

Aterrizando el asunto de los tocados a la nuestra realidad cotidiana, lo que alguna vez Madonna lució en sus videos ochenteros ha vuelto. Totalmente. No hay tienda de accesorios –en la calle o en Internet- que no tenga estos que sirven para adornar el pelo y la cabeza.

Los encuentro tan bonitos. Pero en otra gente. Me he probado cintillos con flores de cuero, con plumas, con cintas, en todos los colores habidos y por haber. No hay caso, no me hallo. Encuentro que me quedan pésimo, que parezco cabra de quince y que me será imposible usar a la vez lentes de sol –que no abandono en ninguna época del año- bufanda o pañuelo, muy necesario para abrigarse. Aunque no me pusiera aros, tampoco funciona.

Así que no me he comprado. Afortunadamente no me han regalado, porque no sé qué haría con él.

¿A ustedes les gustan?

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