La mejor amiga de mi novia

Una vez leí en este mismo sitio que una de las peores enemigas que puede tener una mujer son sus cuñadas, las hermanas del novio de turno. No me siento identificado por ese relato y creo que mi hermana siempre fue cordial con mis novias, pero desde que leí esa nota quise contar mi versión.

Contar, puntualmente, que la mejor amiga de la novia puede llegar a ganar mucho protagonismo en una relación.

Debe haber sido porque crecí leyendo Condorito que me convencí de que la peor enemiga en la relación de pareja era la suegra, la madre de mi novia. Por eso cuando empecé a salir con niñas me cuidé especialmente de tener buena relación con sus madres y ser, al menos en apariencia, el yerno modelo. Me atrevería a decir que en casi todos los casos tuve éxito y en mayor o menor dosis mis suegras temporales me adoraron. No necesité engañarlas sino tan sólo enfatizar lo bueno y disimular lo no tan bueno, y me refiero por ejemplo al hecho de que mi intención primaria era tirarme a su hija.

Con menor dosis de éxito creo que también logré cultivar una buena relación con mis suegros, y aunque el padre de la novia no es estúpido y sabe exactamente lo que uno tiene en mente, también sabe que todo es parte del ciclo natural y que no pueden alejar a los pretendientes escopeta en mano. Tarde o temprano su hijita tendrá alas y volará, lo cual es un eufemismo para decir que se las arreglará para tirar con el galán que le guste, con o sin permiso de los papás.

Finalmente, también es completamente posible tener una relación esporádica, casual y no tan casual con una chica sin conocer a sus padres. En otros países es lo más común. En Chile todavía hay cánones tradicionales y los padres prefieren saber con qué patán anda la niña. Supongo que en el resto de América Latina pasa lo mismo. Pero cuando es necesario se puede omitir por completo la participación de los padres. Los de ella y los de uno. Igual que en las comedias gringas, a veces es sano conversar de antemano y plantear que no va a haber presentaciones formales hasta que la relación pase a otra etapa. No es mejor ni peor: es opcional. Pero, en cambio, casi sin excepciones, no se puede marginar a la mejor amiga de tu novia, y esa mejor amiga puede terminar convirtiéndose en tu peor enemiga o en tu principal aliada.

Aprendí eso en mi primera relación "seria". Ellas eran dos amigas. Muy unidas entre sí y con el tiempo,  muy amigas mías. Conforme pasaba el tiempo, y de manera muy paulatina, una de ellas se fue convirtiendo en mi mejor amiga, mientras que con la otra teníamos cada vez más onda (y me sentía cada vez menos amigo).  Por falta de experiencia y desplante le pedí ayuda a una para salir con la otra.  Si me veía falto de ideas le pedía consejos. Si había dicho algo de mí quería enterarme. Cosas de la adolescencia.

Finalmente empezamos a salir, y aunque al principio fue natural compartir los panoramas entre tres, de a poco se empezó a notar que la relación entre ellas se volvía tirante, y empecé a sentir que se entrometía en la relación. Al principio era algo muy sutil y luego fue aumentando, hasta llegar al punto en que ella provocaba algunas de las discusiones y tomaba partido por uno u otro en forma alternante. De más está decir que de un día para otro dejó de ser mi amiga y confidente y en la práctica fui lo suficientemente despierto como para notar que cualquier cosa que saliera de mi boca sería usada en mi contra.

A las pocas semanas empezó a volverse más infrecuente que nos acompañara en los panoramas, y al final sencillamente dejamos de frecuentarnos. No hubo una pelea, no tuvimos ninguna discusión muy traumática aunque sí uno que otro desacuerdo.  En el último tiempo cortó toda relación conmigo y con mi novia, y aunque eso terminó hace casi 20 años, recién ahora me ha vuelto a saludar.  Nunca le he preguntado si hubo alguna razón detrás de eso o qué, pero curiosamente de todas las relaciones que tuve después, en ninguna me volvió a pasar que una tercera persona ejerciera esa gravitancia sobre ambos, al punto que ni siquiera podría decir si estaba celosa de mí, de mi novia, de ambos o de ninguno. ¿Era loca? ¿Quería hacer un trío? Nunca lo sabré.

Pasé por otro caso muy extraño cuando salí con una chica que era muy tímida, muy insegura. Una rubia angelical y muy pálida que parecía uno de esos elfos de las películas de Tolkien. Esta chica tenía una amiga que era todo lo contrario. Morena, impetuosa, ardiente, deslenguada y  un poco grunge. Tocaba a Pearl Jam mejor que nadie y obviamente influenciaba a la rubia permanentemente. Casi no tenía relación conmigo, pero mi novia me hablaba de ella con admiración, y muchas de las locuras que cometimos juntos me confesó que se las había sugerido su amiga.

Yo me encargué de que no se arrepintiera, por supuesto, pero me parecía obvio que todo lo que yo hiciera eventualmente llegaría a oídos de la amiga. Viéndolo en retrospectiva, creo que en algún momento sentí que mi novia era el intermediario entre los desafíos de la morena y mi manera de enfrentarlos. Al principio era divertido, pero de a poco empecé a sentirlo poco natural, como una experimentación permanente que me hacia sentir permanentemente evaluado. Uno puede leer el lenguaje no verbal de la chica con que está saliendo, y anticipar lo que le gusta y lo que no. Pero cuando gran parte de sus iniciativas, respuestas y reacciones son sugerencias de otra persona se vuelve poco espontáneo y deja de ser grato. Cuando terminé con esa muchacha ella intentó tener algo con mi mejor amigo, y años después me comentó que su amiga se lo había sugerido. ¿Estamos todos locos?

Me acuerdo también de un tiempo en que salí con una chica que vivía al otro lado de la ciudad. El viaje para vernos era tan largo que nos vino como anillo al dedo la ayuda de una amiga suya que vivía justo a medio camino. Llamémosle "la amiga del departamento". Nos encontrábamos en ese departamento y ella no tenía problema en ponerlo a disposición como base de operaciones porque sabía que nos facilitaba muchísimo la vida. Al contrario del otro caso que les comenté, la chica del departamento jamás se metió, nunca ofreció consejo sin que se lo pidieran e incluso entonces su tesis era no saber y no opinar.

Fueron días muy gratos para mí, para mi novia y supongo que también para la amiga del departamento, porque  se entremezclaron mis amigos con sus amigas y nos convertimos en un grupo muy entretenido. De todos modos, mi relación con esa chica no prosperó pero quedamos en buenos términos y además me quedó, hasta el día de hoy,  la cercanía, confianza y gratitud para con la amiga del departamento.

Me hice buen amigo de ella, de sus padres y hasta de su hermana y los seguí visitando mucho después de terminada la relación original.  Y de ser amigos, más o menos dos años después empecé a sentirme atraído por ella.  Aunque con la palabra"atraído" me quedo corto: llegó un momento en que sentía que me volvía loco por ella, y aunque yo también le gustaba, las pocas escaramuzas que tuvimos siempre fueron esporádicas, porque para ella era una traición salir con un ex novio de su amiga. La lealtad aparece justo cuando no nos conviene.

Pero creo que de todas las experiencias que tuve con amigas de mis novias la más particular fue con un noviazgo que tuvo dos etapas. Salí con una chica durante varios meses y de a poco me hice amigo de todo su grupo de amigas de la universidad. La mayoría no tenía novio y estaban en esa fase en donde quieren pasarlo bien en vez de tener algo serio, por lo cual cuando salíamos en grupo entre todas me trataban como la mascota de un club de Lulú. Yo me dejaba querer, en especial por la mejor amiga de mi novia con la que compartía un sentido del humor similar y múltiples bromas de doble sentido que no pasaban más allá. Aunque lo pasaba bien,  en realidad yo quería tener algo un poco más estable y formal (ya me estaba poniendo viejo) y me tenía un poco cansado ese tren de salir con ella y sus amigas semana tras semana. Decidí terminar. Le dije mis razones y, aunque se puso un poco triste, me dejó ir. Así terminó la primera etapa.

La segunda etapa empezó cuando, al mes siguiente, me llamó y me citó en una fiesta. Yo en realidad la extrañaba mucho y entendí que si aceptaba la invitación equivalía a reconciliarnos y volver a ponernos de novios. La idea no me desagradó y partí de punta en blanco y hasta con ropa nueva. Llegué un poco antes y me encontré con su mejor amiga. Ella se me acercó y me dijo "no puedes volver con ella todavía". Y yo que andaba un poco lento le pregunté "¿Y por qué no?". Ella me llevó detrás de un pilar que nos ocultaba del resto de la gente y me dio uno de los mejores besos que he recibido en mi vida.

"Ahora puedes volver" me dijo. Y eso hice. Y nunca volvimos a hablar del tema.

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