La tortura de ir al dentista

11:30 AM

Ahí estaba yo, recostada en la camilla esperando el procedimiento. Pensaba “Irresponsable, debiste hacer este tratamiento antes”, pero bueno. Ya estaba ahí y no podía arrancar.

A pesar de que la dentista es muy amable, siento algo de terror cada vez que debo ir a la consulta. Lo encuentro extraño, pero sé que es algo que no podemos dejar de lado. Esta vez fui porfiada, olvidé realizar mis controles a tiempo  y ahora estoy pagando las consecuencias. Pero bueno, ahora sólo me queda ser valiente.

Es incómodo ir al dentista. Tener ese foco en la cara me encandila y debo cerrar los ojos, pero lo terrible es sentir como se realizan los procedimientos escuchando un "crack crack" que resuena en la cabeza todo el tiempo. Me siento vulnerable y no me gusta. El momento de la anestesia es el peor: tengo claro que luego del pinchazo no sentiré molestia alguna, pero los segundos que pasan desde que siento la aguja en mi encía hasta que sale pareciera ser una hora. Lo peor es la taquicardia que me viene después, cuando me pongo a tiritar y siento que mi rostro se pone rojo debido a la adrenalina del momento. Pura cobardía.

Creo que la anestesia es lo más freak de cualquier cirugía. No deja de sorprenderme el hecho de no sentir nada debido al medicamente anestésico. Sin embargo, creo que lo más ingrato de ir al dentista es no poder hablar ni comer bien por un buen rato. ¡Que heavy es no poder hacer algo tan básico! Al menos, esta vez no fue el caso. Mis nervios estuvieron de más y mi tratamiento seguirá un buen curso, pero estoy segura que la próxima vez estaré igual de nerviosa que en esta ocasión.

¿Existe alguien que disfrute la visita al dentista?

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