El amor está en las pequeñas cosas

Creo que el amor es tan perfecto en sí que no necesita luces de neón ni acrobacias de ningún tipo para hacerlo más interesante

Podría sentarme a decirles cómo me siento acerca del día de San Valentín, pero la verdad es que para mí es como cualquier otro día del año desde que dejé de recibir corazones de papel y paletas de cereza en el colegio.

Como cualquier otro día, no necesito una excusa para acercarme a un amigo y decirle lo mucho que lo quiero. Cuando puedo, les mando una señal de humo a mis amigas para que sepan que siguen aquí; que aunque vivamos lejos están cerca de mi corazón y no hay momento en que no las extrañe.

Con mi pareja es lo mismo. El amor no está en ver quién gasta más dinero en el regalo de quién, ni en recibir el arreglo de flores más elaborado. El amor está en las pequeñas cosas. El amor está en cocinar juntos una cena para dos; en consolarse cuando el corte de cabello que te hicieron en la peluquería te quedó terrible.

El amor está en apoyar al otro y recordarle que, sin importar qué tan difíciles se pongan las cosas, todos los obstáculos se pueden vencer. Sonará muy al estilo de Paulo Coehlo todo esto, pero lo digo porque lo creo firmemente. El amor está en el abrazo que recibes cuando llegas a casa vencida por el trabajo, en el vaso de agua fresca que te sirven cuando te sientes cansada y enferma. El amor está en ese masaje de pies después de una larga semana.

Creo que el amor es tan perfecto en sí que no necesita luces de neón ni acrobacias de ningún tipo para hacerlo más interesante. El amor es la voz reconfortante de tu madre cuando todo está saliendo mal; es tu padre caminando al altar para entregarte a tu futuro esposo, es tu hermano diciéndote que nadie más te va a romper el corazón.

Así es como lo veo: podría pasarme el tiempo pensando en todos los clichés, enfadarme cuando veo a parejitas demostrando su amor en público con besos largos e incómodos en el transporte público, y torturándome con una lista de canciones hechas especialmente para sobrevivir al día de los Enamorados. O bien, puedo aceptar que solo es cuestión de hacer una llamada o enviar un correo para dar, y recibir, el cariño que ya está ahí.

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