Mi romance favorito es púrpura

Mi película favorita para este y todos los días del año

Si tuviera que elegir 3 cosas para llevarme a una isla desierta, definitivamente serían un álbum de Radiohead, una película de Woody Allen y mi libro favorito; Everything is illuminated. 

Verán, creo que esas tres cosas resumen los aspectos más predominantes de mi personalidad: la música es toda mi energía, Woody Allen es mi sentido del humor y el libro sería mi lado más romántico; ese que cree que el amor es capaz de todo - lo bueno y lo malo.

Sin duda una de mis películas favoritas -de todos los tiempos; y en especial para el 14 de febrero- es La rosa púrpura del Cairo, de mi querido Woody; y no Annie Hall. La razón es muy simple: creo que resume las etapas por las que pasa una mujer en el amor - no necesariamente en el mismo orden.

No vine a contarles la trama de la película, sino lo que deja en mí. Primero está la etapa en que una sueña con alguien perfecto; el príncipe azul si quieren llamarle así. También está la parte en que una se deja conquistar por quien cree que será mejor para ella, aunque no esté muy convencida. Aún así, le dedica su vida a su relación y lo cotidiano -porque se nos da muy bien eso de ser entregadas- pero sigue soñando con ese algo que cambiará para siempre.

Y entonces llega ese elemento mágico que solo vive en las películas. El hombre guapo, inteligente, educado, entregado, paciente, enamorado, apasionado, tan devoto que se olvida de sí mismo. Y que, por supuesto, es ficticio.

Lo que me recuerda esta película cada vez que la veo es que Jeff Daniels era muy guapo cuando era joven y que la persona perfecta no existe. Y no lo digo en un sentido pesimista, sino con cierto alivio.

Qué bueno que no podemos prefabricar a alguien con las cualidades que creemos que debería tener; qué bueno que lo más bonito del amor es descubrir las peculiaridades de la otra persona y poder definir juntos qué es lo que quieren en la vida. Creo que sería demasiado aburrido tener a alguien a mi lado que jamás pudiera sorprenderme.

Y así, aunque mi historia de amor  favorita no sea un romance torrido lleno de intriga, desenlaces cardíacos y cajas de bombones, disfruto que me haga recordar lo que es enamorarse de alguien de verdad. 

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