Tentaciones peligrosas: Leí los mensajes privados de mi ex en Facebook

Esos descuidos que pueden costar muy caro.

Partiendo de la máxima que todos tenemos derecho a nuestra intimidad, privacidad y el respeto de lo que nos pertenece, quiero hacer mi mea culpa.

Hace un tiempo tuve una relación amorosa complicada, de esas tormentosas que muchas veces no te dejan dormir ni respirar. Sentía que lo amaba, pero todos me decían que estaba obsesionada, que me gustaba sufrir y que el género dramático me quedaba a la perfección, pero yo sentía que lo amaba.

No podía dejarlo ir a pesar de los cientos de problemas y discusiones que cada día subían más de tono. Pero pensaba que los momentos buenos lo eran tanto, me satisfacían a niveles que nunca nadie lo había logrado. Necesitaba de esos instantes u horas aunque fueran limitadas. Sé que muchos pensarán lo mismo que quienes me rodeaban y decían que estaba loca trabajando tanto por mantener viva esta relación enfermiza. Pero bueno, me pasó y obviamente terminó mal.

Sus celos eran constantes y violentos, no me violentaba físicamente pero si me decía cosas que me atormentaban. La violencia en una pareja es terrible y jamás se debe permitir, fui una tonta por no hacer nada al respecto. Pero probablemente estaba enferma con tantos problemas y fui capaz de quedarme callada y soportar cosas que en otra circunstancia de la vida jamás habría avalado.

Fue tanto mi tormento que comencé a convertirme un poco en lo que él era también, me dejé llevar por el sabor de las reconciliaciones y jugué el peligroso juego de la relación co-dependiente. Ya asumida como una profesional de esas prácticas dije, "bueno lo quiero y estoy dispuesta a todo". Pasaron unas semanas y luego de una fuerte discusión me fui a casa a sufrir con mi almohada y a intentar convencerme que realmente no podía seguir en esa rutina, pero nada me hacía entrar en razón. Mi mente me decía una cosa, pero mi cuerpo y alma no me dejaban desprenderme de él.

Por arte de magia tuve una oportunidad que hoy en día se ha convertido en una revelación para muchas personas en el mundo. Llegué a mi casa, tomé mi celular e intenté conectarme a Facebook pero la aplicación no funcionaba bien así que preferí hacerlo desde el navegador de mi móvil. Cuando quise logearme me di cuenta que había una cuenta activa, era la de él. Probablemente, el fin de semana anterior revisó su perfil desde ahí y olvidó cerrar la sesión. Lo pensé muchas horas, miré el celular y no sé por qué sabía que podía encontrar algo que me ayudaría a terminar con toda mi idealización. Esta red social se ha convertido en la culpable de miles de rupturas por estos descuidos, pero más descuidados son los infieles que estando al lado de sus parejas se divierten coqueteando y organizando citas con otras personas.

Finalmente, lo hice. Me encontré con mensajes a otras chicas en tonos que me dolieron muchísimo, porque no era solo conquista sino que eran declaraciones de amor literales y citas concretadas. Estuve en shock un par de horas.

En serio sé que es horrible lo que hice, es algo totalmente reprochable y estoy segura que no quiero volver a hacerlo jamás a nadie ya que no me gustaría que me pasara a mí. Pero en realidad necesitaba algo como eso para remecerme y dejar de hacerme daño. Conozco más personas que han estado en situaciones parecidas pero a la inversa y ha sido terrible también para ellas.

Nunca le dije lo que había pasado solo dejé de contestar sus llamadas y mensajes. Probablemente ahora lo sabrá es por eso que hago mi mea culpa y pido perdón. Pero lo que más siento es haberme perdido en una relación poco auténtica, con cientos de mentiras, inseguridades e incluso violencia sicológica. Ese es mi peor pecado como mujer y representante de mi género.

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