Me asusta, pero me gusta

Eso de salir del closet o no salir.

Sin duda que el proceso de asumirse gay no es fácil. Tanto así, que hay personas que simplemente no logran hacerlo y viven en la represión o negación hasta el fin.

La verdad no culpo a quienes “optan” por vivir su homosexualidad en las sombras, porque en una sociedad como en la que vivimos para muchos representa un problema que puede llegar a ser insufrible.

En cambio, es mucho más cuestionable aquellos que, llevando la máscara del marido/novio perfecto, dan rienda suelta a sus instintos puertas afuera. No por prejuicios con la bisexualidad, sino por falta de honestidad y por la negación de aceptarse a si mismo haciendo daño a terceros.

Es muy distinto cuando se está en pleno proceso de considerar la idea de que te gustan los niños, y no las niñas como a uno le enseñan, y por lo mismo, inicias un romance con una chica. Reprimir las fantasías homosexuales es algo innato e inevitable cuando la sexualidad está en desarrollo.

Recuerdo que la única novia que tuve, nunca quiso ir más allá de los juegos eróticos, seguramente porque en más de alguna ocasión se fijó que mis ojos se desviaban fugazmente en el  trasero o "paquete" de algún galán, o en esas gruesas y velludas piernas exhibidas en esos gloriosos meses de verano en que los shorts están a la orden del día. Luego de terminar con ella dormí mal un año completo, pensando si acaso podría vivir con la represión de ocultar mi sexualidad toda la vida.

Si bien, hay mujeres que tienen su radar de reconocimiento gay excelentemente desarrollado, llegando incluso a superar el mío -que a decir verdad está un poco averiado-, aún así es innumerable la cantidad de parejas heterosexuales con las que me he cruzado en la calle y en las que el macho alfa me lanza una mirada furtiva y llena de deseo antes de perdernos entre la gente. Otras veces lo hacen en forma mas bien descarada. Es ahí donde pienso “pobre mina”.

Una vez me pasó que en un baño de un servicentro, ubicado en plena carretera, un tipo se me insinuó físicamente. Cuando salí estaba su mujer e hijos esperándolo para continuar el viaje. Sexy pero ¡atroz!. El modelo de hombre heterosexual puede resultar una presa interesante y atractiva, pero con familias no me meto.

Por otro lado, están los hombres que se involucran en una relación gay a sabiendas de que su enamorado está encadenado al closet. Es un riesgo con altas probabilidades de terminar con la resignación de una batalla perdida. Tal como la historia que me contó una amiga, en que el reprimido presentaba a su novio como “mi perro, mi amigo”,  poniendo empeño en ocultar cualquier indicio de afecto más allá de la amistad. Obviamente alguien con su orientación sexual ya asumida y que busca vivir una relación plena, difícilmente puede lidiar con la represión y la mentira.

¿Cómo distinguir a un closet de represión y un closet de negación? Son similares, pero no iguales. El límite es ambiguo y personalmente no creo en los indicadores estereotipados. Como esos que dicen “si a tu novio le gusta más la moda que a ti…”, o “si tu novio es muy vanidoso y le gusta la ropa ajustada…”.

¿Cómo enfrentarse a la situación closet? Tampoco hay una sola respuesta.

Sin embargo, de lo que sí estoy seguro, es que la comunicación siempre es y será un factor fundamental en cualquier tipo de relación. Porque tener el valor para verbalizar un tema tan complejo como las dudas en la orientación sexual es de vital importancia. Seas hombre o mujer, hetero o gay.

Mister Dirk.

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