La editora de la revista de moda Vice, Annette Lamothe-Ramos, realizó un particular y controversial experimento de moda y este fue su resultado.


Así es, la editora de la revista de moda Vice, Annette Lamothe-Ramos, realizó un particular y controversial experimento y este fue su resultado.

Anette cuenta que no sabía nada acerca de la ropa islámica -y que el burka no es cosa de que uno vaya a una tienda y se pueda adquirir facilmente- por lo que luego de dar mil vueltas y conseguir más de una intensa jaqueca, logró dar con lo que quería.

Después de sumergirse en innumerables páginas de internet y dar con algunos sitios donde encontró el hiyab, los niqabs, khimars, abayas, jilbabs y otras prendas con tintes religiosos, empezó a darse cuenta de que nadie tiene una visión positiva acerca de estas vestimentas. “Casi todos los artículos que he leído con la palabra burka se refieren a un atuendo opresivo para las mujeres”, señaló la experta en moda.

Finalmente, luego de ver 74 videos de YouTube y analizar 108 páginas de búsqueda de Google, no pudo encontrar nada que le explicara si los burkas eran o no cómodos, por lo que decidió descubrirlo poniéndose en los zapatos de aquellas mujeres que han sido consignadas a llevar esta pieza, pero claramente sólo como un experimento de “moda social”.

Un experimento que llevó junto al conocido fotógrafo Ben Ritter y que comenzó luego de decidirse, entre diferentes modelos, por un burka saudí, los que se componen por cinco piezas.

Como anécdota relata que su perra Bowie estaba realmente confundida por su traje y que la única vez que la había visto tan asustada, fue cuando se vistió como una monja embarazada el día de Halloween.

Quejándose del calor que hacía dentro de ese burka, Annette explicó que hubiese preferido ir desnuda bajo la abaya, pero que éstos deben ponerse encima de la ropa. “Me lo puse sobre una blusa entallada y los short más pequeños que pude encontrar en mi armario”, dijo.

Paseando por el East Village y Brooklyn, rodeados de gente que conocían, el vivencial les pareció una pérdida de tiempo, por lo que tomaron un tren al corazón de la ciudad, fingiendo que eran turistas. “En realidad, nadie me prestó mucha atención, aunque la mujer que estaba sentada con sus hijos detrás de mí, les arrastró hasta el otro extremo del tren cuando me vió. ¡Qué perra!”, expresó la editora de Vice.

“Cuando salimos del metro empezó a llover muy fuerte. Por suerte yo no tenía necesidad de un paraguas, una de las pocas ventajas de usar un burka y de este modo, nos dirigimos al Empire State”, explicó Annette.

Una vez, en el mirador del imponente edificio, la chica cuenta que el ambiente se puso muy incómodo. “Me sentì una idiota, porque me di cuenta de que todos los extranjeros decían en sus lenguas nativas, mierdas sobre mí”.

Cuando los asustados turistas se pusieron aburridos, decidieron caminar hacia el Central Park en un paseo lleno de posas de agua. “El burka se arrastraba por los charcos, así que acabé teniendo que recoger el frente con ambas manos y me encontré fingiendo ser una princesa delicada en un elegante vestido”, cuenta la joven.

El viento jugaba en su contra y aunque emocionada la amante de la moda señaló que se sintió como Batman, de vez en cuando se vio obligada a tomar descanso, ya que entre la humedad que provocó la lluvia y el calor del burka, comentó que empezó a sudar en lugares que nunca había sudado antes. “Si tuviera que usar algo como esto en el desierto, lo más probable es que moriría”, agregó.

Según ella, la cosa más importante que aprendió durante el día fue cómo sonreír con los ojos. “No me gusta sonreír, pero asumo que nadie quiere ver a una mujer enojada en un burka, por lo que hice un esfuerzo extra. Bonito, ¿eh?”

“Me moría de hambre y no podía comer hot dog, así que hice la horrible elección de comer helado. Fue una experiencia estresante, pero los asistentes del parque estaban felices de verme luchar contra el helado. Cuando levanté la tapa con cuidado para no chorrearme, no quise dar a cualquiera la satisfacción de tomar una foto, así que me lo comí tan rápido como pude y terminé con toda la crema en el interior del niqab. Era repugnante”, contó Annette.

Seis horas más tarde, después de una serie de complicaciones, terminaba con “su experimento”…

“Nunca he sido tan feliz de volver a casa”, manifiesta la chica agregando que logró aprender y tomar conciencia sobre la forma en que tratamos a las personas en la calle: “Nada importa cómo se vistan o lo que parecen”.

La joven editora de Vice, también concluyó que al menos ocho de cada diez personas que estuvieron en contacto con ella mientras usaba el burka, hicieron como si no existiera o peor aún, muchos la miraron sintiéndose ofendidos por su presencia. “Tengo un nuevo respeto por las mujeres que optaron por usar este tipo de prendas de vestir, pero nunca voy a usar algo como esto, nunca más” , sentenció.

Y a ti qué te pareció este experimento ¿Una forma lúdica de ponerse en los zapatos de otros? o ¿Una falta de respeto?

Fuente:I WALKED AROUND IN A BURQA ALL DAY (AND I’M NOT MUSLIM)” (Vice)

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Sobre el autor

Pamela Palma vive del periodismo, pero su vida es el teatro, como canje, juega a mimetizarse con personajes, montajes y guiones del mundo real. Interpretarlos, para plasmar con letras y un poco de ritmo, pensamientos e historias. Desde su butaca, una fiel espectadora y desde Twitter @Doblepe

Hace años que se viene hablando de las grandes empresas transnacionales que subcontratan fábricas en países con gran riesgo social ya que de esta manera abaratan costos. El grave problema es que las segundas también tienen el mismo objetivo y para esto tienen paupérrimas condiciones laborales, sus trabajadores a diario se encuentran sometidos a tratos esclavizantes e incluso emplean a niños y los explotan. De acuerdo a la cifra entregada por Organización Internacional del Trabajo (OIT), en el mundo hay más de 168 millones de niños trabajando, especialmente en la industria de la moda.

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Sin embargo, existe una organización sin fines neozelandesa llamada "Child Labor Free" que nació con el objetivo de crear una etiqueta ética la cual acredite que las empresas que la usen no están relacionadas al trabajo infantil en ninguno de los procesos de producción de sus productos. Claro que para esto, la empresa debe someterse a la auditoría independiente de la consultora Ernst & Young. Michelle Pratt es la directora general y fundadora de Child Labor Free y declara que el trabajo de protección a los niños en la industria de la moda se encuentra en paralelo al de los productos con etiqueta "cruelty free" en la fabricación de cosméticos.

libre-de-esclavitud-infantil

"Child Labor Free" cuenta con el apoyo de UNICEF y ya tiene un prototipo de la etiqueta que será presentada en la próxima semana de la moda de Nueva Zelanda.

Caso GAP y Victoria’s Secret

[caption id="attachment_523820" align="aligncenter" width="660"]Child Labor In China Niña China trabajando en el algodón.[/caption] Existen diversos casos al rededor del mundo. Un ejemplo es el de GAP que en 2007 se convirtió en un gran escándalo tras conocerse la investigación del Sunday Observer que reveló que la marca usaba niños para hacer camisetas para niños. ¿Irónico no? También muy conocida es la historia de lo ocurrido con Victoria’s Secret en 2008, la compañía de lencería más famosa del mundo lanzó una campaña publicitaria asegurando que el algodón usado estaba libre de pesticidas y provenía de tratos justos. El asunto es que un año después Bloomberg News publicó una historia que rompería el corazón de millones de fanáticos de Victoria’s Secret en todo el mundo. El medio especializado en economía, informó que en la recolección de este algodón se usaba a varios niños ya que sus manos eran más pequeñas y rápidas, mucho más eficientes para este trabajo. Además, hubo una historia que particularmente la mayoría recuerda y es la de una niña de 13 años que era obligada a trabajar por su padre adoptivo. Ella debía hacer los surcos donde luego se plantaba el algodón y además estaba en pésimas condiciones alimenticias.

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