Sabe explotar las ventajas de no tener el peso de una corona sobre su cabeza


El nuevo vestido de la duquesa, el partido de cróquet, las cenas elegantes… todo eso no le llama la atención al Príncipe Harry que tiene un apetito mucho más salvaje de lo que su sangre Real le permite.

Una noche de frenesí, mucho alcohol y hermosas chicas terminó por evidenciar la buena vida del hijo de Carlos y la fallecida Diana, quien aparece en la suite del Wynn Resort, en Las Vegas, jugando billar como Dios lo trajo al mundo y tapando sus nobles partes mientras una joven no identificada lo abraza por detrás, según reporta TMZ. 

Aunque el vocero de la Casa Clarence, residencia oficial del Príncipe de Gales y de la Duquesa de Cornualles y hogar de los Príncipes William y Harry, ha dicho que no se emitirán comentarios acerca de las fotos ahora (y posiblemente nunca), lo más seguro es que además de recibir una reprimenda por parte de su familia, el Príncipe Harry también sea sancionado por parte de la milicia ya que como oficial militar se espera que mantenga un comportamiento ejemplar todo el tiempo; especialmente en lo que se refiere a imagen y reputación personal.

Esta no es la primera de las locuras que Harry hace sin importarle el qué dirán. Durante su adolescencia se encargó de sacarle canas verdes a su familia con titulares donde se hablaba de su gusto por la marihuana, infidelidades (¿de tal palo tal astilla?) e incluso se filtraron algunas fotografías donde posa usando un traje nazi.

El pelirrojo se ha encargado de mantener los chismes de la Familia Real Británica en la mira, quitándole el trono a su ex tía política Fergie, Duquesa de York ¿Será que a él simplemente no le interesa el protocolo? Digo, ser Príncipe (o Princesa) debe ser un honor especial, pero si tomamos en cuenta todas las limitaciones que tienen, la verdad es que todo se torna un poco aburrido.

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Sobre el autor

Fan de Hello Kitty y las películas de terror. Cambia de color de cabello como de opinión, baila descalza y no cuenta las calorías de los chocolates. En twitter es @leureena y escribe desde México.

Hace años que se viene hablando de las grandes empresas transnacionales que subcontratan fábricas en países con gran riesgo social ya que de esta manera abaratan costos. El grave problema es que las segundas también tienen el mismo objetivo y para esto tienen paupérrimas condiciones laborales, sus trabajadores a diario se encuentran sometidos a tratos esclavizantes e incluso emplean a niños y los explotan. De acuerdo a la cifra entregada por Organización Internacional del Trabajo (OIT), en el mundo hay más de 168 millones de niños trabajando, especialmente en la industria de la moda.

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Sin embargo, existe una organización sin fines neozelandesa llamada "Child Labor Free" que nació con el objetivo de crear una etiqueta ética la cual acredite que las empresas que la usen no están relacionadas al trabajo infantil en ninguno de los procesos de producción de sus productos. Claro que para esto, la empresa debe someterse a la auditoría independiente de la consultora Ernst & Young. Michelle Pratt es la directora general y fundadora de Child Labor Free y declara que el trabajo de protección a los niños en la industria de la moda se encuentra en paralelo al de los productos con etiqueta "cruelty free" en la fabricación de cosméticos.

libre-de-esclavitud-infantil

"Child Labor Free" cuenta con el apoyo de UNICEF y ya tiene un prototipo de la etiqueta que será presentada en la próxima semana de la moda de Nueva Zelanda.

Caso GAP y Victoria’s Secret

[caption id="attachment_523820" align="aligncenter" width="660"]Child Labor In China Niña China trabajando en el algodón.[/caption] Existen diversos casos al rededor del mundo. Un ejemplo es el de GAP que en 2007 se convirtió en un gran escándalo tras conocerse la investigación del Sunday Observer que reveló que la marca usaba niños para hacer camisetas para niños. ¿Irónico no? También muy conocida es la historia de lo ocurrido con Victoria’s Secret en 2008, la compañía de lencería más famosa del mundo lanzó una campaña publicitaria asegurando que el algodón usado estaba libre de pesticidas y provenía de tratos justos. El asunto es que un año después Bloomberg News publicó una historia que rompería el corazón de millones de fanáticos de Victoria’s Secret en todo el mundo. El medio especializado en economía, informó que en la recolección de este algodón se usaba a varios niños ya que sus manos eran más pequeñas y rápidas, mucho más eficientes para este trabajo. Además, hubo una historia que particularmente la mayoría recuerda y es la de una niña de 13 años que era obligada a trabajar por su padre adoptivo. Ella debía hacer los surcos donde luego se plantaba el algodón y además estaba en pésimas condiciones alimenticias.

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Sin embargo, existe una organización sin fines neozelandesa llamada "Child Labor Free" que nació con el objetivo de crear una etiqueta ética la cual acredite que las empresas que la usen no están relacionadas al trabajo infantil en ninguno de los procesos de producción de sus productos. Claro que para esto, la empresa debe someterse a la auditoría independiente de la consultora Ernst & Young. Michelle Pratt es la directora general y fundadora de Child Labor Free y declara que el trabajo de protección a los niños en la industria de la moda se encuentra en paralelo al de los productos con etiqueta "cruelty free" en la fabricación de cosméticos.

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Hace años que se viene hablando de las grandes empresas transnacionales que subcontratan fábricas en países con gran riesgo social ya que de esta manera abaratan costos. El grave problema es que las segundas también tienen el mismo objetivo y para esto tienen paupérrimas condiciones laborales, sus trabajadores a diario se encuentran sometidos a tratos esclavizantes e incluso emplean a niños y los explotan. De acuerdo a la cifra entregada por Organización Internacional del Trabajo (OIT), en el mundo hay más de 168 millones de niños trabajando, especialmente en la industria de la moda.

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Sin embargo, existe una organización sin fines neozelandesa llamada "Child Labor Free" que nació con el objetivo de crear una etiqueta ética la cual acredite que las empresas que la usen no están relacionadas al trabajo infantil en ninguno de los procesos de producción de sus productos. Claro que para esto, la empresa debe someterse a la auditoría independiente de la consultora Ernst & Young. Michelle Pratt es la directora general y fundadora de Child Labor Free y declara que el trabajo de protección a los niños en la industria de la moda se encuentra en paralelo al de los productos con etiqueta "cruelty free" en la fabricación de cosméticos.

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