La serie, transmitida por Cadenatres, es un reflejo del México actual


Eréndira Ibarra, hija del productor y activista político Epigmenio Ibarra, cree que la teleserie “Infames”, transmitida por Cadenatres, marcó un antes y un después en la televisión mexicana actual.

Según informa Excelsior, la actriz se encuentra dividida entre la desolación y esperanza ahora que su trabajo en la serie concluirá el próximo domingo. Desolación por la situación actual del páis y esperanza al saber que aún existe mucha gente que está dispuesta a hacer lo imposible con tal de que este país salga a flote.

Infames se atreve a señalar y denunciar la corrupción en las altas esferas de poder en nuestro país, así como en la vida diaria de los mexicanos, desde el punto de vista de mujeres poderosas y astutas. “Tanto en Infames como en la vida real podemos terminar con la democracia. En la historia, mi personaje Casilda, hizo todo para conseguir lo que quería sin importarle a quien destruía, aunque luego asumió las consecuencias de sus actos.

“Si en la sociedad, todos contribuimos con nuestro granito de arena para no dar mordida, no regatear el trabajo de los indígenas y respetar las reglas, entre muchas otras cosas, habremos contribuido como ciudadanos”,  señala.

Es irónico que sea a través de un drama televisivo que podamos apreciar realmente las consecuencias de nuestros actos como ciudadanos; como un pequeño acto de corrupción se une a otro hasta que se forma una gigante red de pequeños errores que, a fin de cuentas, se vuelven el peso que evita que nuestro país avance.

“Cuando el público vea el final de la serie, podrá apreciar varios actos de valentía que aspiran a que nuestros políticos rindan cuentas por sus actos. Creo que es hora de que los ciudadanos despertemos y les exijamos y evaluemos por sus hechos”, comentó.

Impresionante cómo la televisión se parece cada vez más a la vida real y la vida real parece cada vez más un producto ficticio.

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Sobre el autor

Fan de Hello Kitty y las películas de terror. Cambia de color de cabello como de opinión, baila descalza y no cuenta las calorías de los chocolates. En twitter es @leureena y escribe desde México.

Hace años que se viene hablando de las grandes empresas transnacionales que subcontratan fábricas en países con gran riesgo social ya que de esta manera abaratan costos. El grave problema es que las segundas también tienen el mismo objetivo y para esto tienen paupérrimas condiciones laborales, sus trabajadores a diario se encuentran sometidos a tratos esclavizantes e incluso emplean a niños y los explotan. De acuerdo a la cifra entregada por Organización Internacional del Trabajo (OIT), en el mundo hay más de 168 millones de niños trabajando, especialmente en la industria de la moda.

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Sin embargo, existe una organización sin fines neozelandesa llamada "Child Labor Free" que nació con el objetivo de crear una etiqueta ética la cual acredite que las empresas que la usen no están relacionadas al trabajo infantil en ninguno de los procesos de producción de sus productos. Claro que para esto, la empresa debe someterse a la auditoría independiente de la consultora Ernst & Young. Michelle Pratt es la directora general y fundadora de Child Labor Free y declara que el trabajo de protección a los niños en la industria de la moda se encuentra en paralelo al de los productos con etiqueta "cruelty free" en la fabricación de cosméticos.

libre-de-esclavitud-infantil

"Child Labor Free" cuenta con el apoyo de UNICEF y ya tiene un prototipo de la etiqueta que será presentada en la próxima semana de la moda de Nueva Zelanda.

Caso GAP y Victoria’s Secret

[caption id="attachment_523820" align="aligncenter" width="660"]Child Labor In China Niña China trabajando en el algodón.[/caption] Existen diversos casos al rededor del mundo. Un ejemplo es el de GAP que en 2007 se convirtió en un gran escándalo tras conocerse la investigación del Sunday Observer que reveló que la marca usaba niños para hacer camisetas para niños. ¿Irónico no? También muy conocida es la historia de lo ocurrido con Victoria’s Secret en 2008, la compañía de lencería más famosa del mundo lanzó una campaña publicitaria asegurando que el algodón usado estaba libre de pesticidas y provenía de tratos justos. El asunto es que un año después Bloomberg News publicó una historia que rompería el corazón de millones de fanáticos de Victoria’s Secret en todo el mundo. El medio especializado en economía, informó que en la recolección de este algodón se usaba a varios niños ya que sus manos eran más pequeñas y rápidas, mucho más eficientes para este trabajo. Además, hubo una historia que particularmente la mayoría recuerda y es la de una niña de 13 años que era obligada a trabajar por su padre adoptivo. Ella debía hacer los surcos donde luego se plantaba el algodón y además estaba en pésimas condiciones alimenticias.

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Sin embargo, existe una organización sin fines neozelandesa llamada "Child Labor Free" que nació con el objetivo de crear una etiqueta ética la cual acredite que las empresas que la usen no están relacionadas al trabajo infantil en ninguno de los procesos de producción de sus productos. Claro que para esto, la empresa debe someterse a la auditoría independiente de la consultora Ernst & Young. Michelle Pratt es la directora general y fundadora de Child Labor Free y declara que el trabajo de protección a los niños en la industria de la moda se encuentra en paralelo al de los productos con etiqueta "cruelty free" en la fabricación de cosméticos.

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