Entrenamiento del control del esfínter y el origen de la violencia

De Maternidad y eso de ponerle pañales y, de repente, sacárselos como si nada.

Hoy, viene alguien y te dice que comenzarás a usar pañales. Tienes 30 años. Eso significa que de a poco o de manera brusca, alguien te entrenará para que tus cacas y pipís caigan en un pañal amarrado a tu cuerpo y camines por la vida con caca. Si estás preparado, lo harás rápido y recibirás una estrellita o un regalito. Pero cada vez que te quejes porque no estás acostumbrado recibirás la molestia de quien te quiere y “entrena”.

Raro.

Los pañales, así como el chupete, son algunas de las cosas que los seres humanos recién nacidos reciben de parte de sus padres, sin que lo soliciten. Los pañales nos han ahorrado tiempo y nos han hecho la vida más fácil. Sin duda, no es así para nuestro planeta y no estoy segura de que los lactantes sientan lo mismo. Dudo que les sea cómodo andar con caca y mojados, muchas veces con la piel irritada. Existen montones de sociedades donde los bebés no usan pañales y, al andar pegados al cuerpo de la madre, ella, bien sintonizada por la cercanía, logra detectar las necesidades de eliminación del cuerpo de su hijo y con sus brazos lo aleja para que pueda hacer pipí o caca. Claro, esto es imposible en nuestra sociedad apurada, sin tiempo, todos trabajando. Los niños con pañales. Ok.

Le ponemos los pañales y, de repente, le sacamos los pañales. Nosotros, los adultos, mandamos según nuestras necesidades o deseos. Ponemos, sacamos. Como si el ser humano que recién llega a la vida fuera una “cosa” a la que le imponemos nuestras necesidades. Arbitrariamente, sin preguntarle al hijo ni darnos un tiempo para investigar sobre el desarrollo del cerebro infantil, y obedeciendo mandatos antiguos o mandatos de instituciones, decidimos quitar los pañales...

“Porque cumplió dos años”.

“Porque llegó el verano”.

“Porque va a nacer su hermanito”.

“Porque mi amiga ya le sacó a su hijo y el mío es igual y más inteligente”.

“Porque sí”.

“Porque para ser aceptada en el jardín infantil y poder ir a trabajar, debo sacárselos”.

Las razones, por lo general, vienen desde fuera, desde otros. Y el protagonista de la historia, nuestro hijo ¿qué dice? Le dan lo mismo todas esas razones, simplemente porque él no ha decidido nada.

La mayoría de los niños está preparada cerca de los 3 años para controlar esfínter.

A mis hijos nunca les hablé de sacarles los pañales. Simplemente los observé y respetamos su proceso madurativo. Mi tercer hijo -del que tengo más frescos los recuerdos-, un día a eso de los dos años y ocho meses, se despertó y solo se sacó el pañal. “No máz pañal”. Listo, nunca más hubo pañal. Así de simple. Sin llantos, sin estrés por parte de nadie.

Cada niño tiene su ritmo de desarrollo, unos antes y otros después, lo que no es indicador de inteligencia. Muchos controlan esfínter y luego, frente a alguna situación que provoca cierta tensión, vuelven a mojarse. ¿Qué hacer? Ofrecer el pañal otra vez. Otros simplemente se asustan al ver lo que les sale por su cuerpo: nunca lo habían visto. Otros se sienten más contenidos y seguros con el pañal. Hay niños que simplemente no quieren que la nana o la tía del jardín (personas extrañas) les limpien su cuerpo. Cada niño es un mundo. Por lo tanto, si no está listo, no está listo.

Lo que me preocupa es que los adultos no logramos ver el impacto que tiene el forzar a un niño a controlar esfínter cuando no está preparado. Si logran ver la frase anterior, pueden cambiar ciertas palabras y resulta que nos encontramos con un acto abusivo. Hasta los 5 años, no se considera como enuresis hacerse pipí o encopresis hacerse caca. Por lo tanto, no hay problema si un niño usa pañales hasta esa edad. Puede gritar si quiere, pero esto no lo digo yo, lo dice la Academia Americana de Psiquiatría.

¿Cuál es el problema, entonces? Muchos. Entre ellos, que los establecimientos “educacionales” para niños mayores de dos años NO aceptan a niños con pañales. Es decir, se discrimina a niños por algo que es absurdo.

TÚ USAS PAÑALES, ENTONCES NO ERES BIENVENIDO.

¿Por qué?

Porque una educadora de párvulos en compañía de una técnico para 35 preescolares es un imposible. La mamífera humana no está capacitada para hacerse cargo de tantos niños a la vez. ¿Cómo va a mudar a 35 preescolares? Esta situación es un abuso laboral y una negligencia en el cuidado de los niños. Pero como estamos acostumbrados no nos conmueve, no tenemos otra opción, es lo que hay, así es la vida… seguimos con las anteojeras puestas aunque el corazón se nos retuerza de dolor.

Entrenar a un niño para que controle lo que aún su cuerpo no puede controlar es un abuso. Es violento. Es una de esas violencias a las que estamos acostumbrados y que las vivimos como obvias. Implica no empalizar con el mundo interno de nuestro hijo, no respetar su desarrollo neurológico y pasar por encima de sus límites corporales. Luego, no comprendemos por qué andamos todos tan violentos.

Todo niño sano deja el chupete, los pañales, la cama de los padres, los brazos y el pecho cuando está listo para hacerlo. La mayoría cerca de los 4 o 5 años.

¿Recuerdan que antes se iba al colegio a los 7 años?

En los tiempos que vivimos respetamos las necesidades del mercado y pasamos por encima de las necesidades de nuestros niños. Para eso, están los libros de los genios vendedores de “técnicas” de entrenamiento que, en el fondo, lo que hacen es hacer entender a los niños que “deben” controlar sus deseos y necesidades para poder sobrevivir. El ser humano inteligente y adaptado obedece y comienzan las primeras sumisiones. Obvio, ¿no? Se instala el miedo y listo, ovejas sumisas, pero que guardan sus rabias y frustraciones. Mientras nuestros hijos se adaptan a sistemas sociales y económicos que no consideran los ritmos madurativos de los niños, nosotros, los padres, deseamos que nuestros hijos sean libres, sanos, seguros de sí mismos, inteligentes, amorosos y empáticos.

¿Se puede así?

Leslie Power

Psicóloga Clínica

Preocupada por las violencias invisibles a las que nuestros niños y nosotros los adultos somos sometidos a diario.

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