Finalmente hoy el Tribunal Electoral proclamó a Pedro Sabat como alcalde electo de Ñuñoa.


Dicen que los días martes con fecha 13 hay que caminar con cuidado, estar atentos y como es de costumbre no casarse ni embarcarse, pero ahora le sumamos “no entregar resultados de reconteo de votos”.

Finalmente, luego de varios días de incertidumbre, el Tribunal Electoral declaró ganador de las elecciones municipales a Pedro Sabat como alcalde de Ñuñoa por una diferencia de solo 30 votos contra la candidata y ganadora en primera instancia del puesto, Maya Fernández.

El pasado 28 de octubre, cientos de ñuñoínos celebraron el triunfo de la nieta del ex Presidente de Chile, Salvador Allende, sentando un hito histórico en la comuna de más de 151 mil habitantes, por derrocar de su puesto a quien lleva desde 1996 la cabeza de la municipalidad, Pedro Sabat.

Sin embrago, todo este triunfo se vio mermado por una pequeña diferencia de votos que me recuerda en este momento, tantos estados de Facebook y Twitter diciendo “Si Sabat gana la voy a cobrar con mis cinco amigos a los que le dio lata ir a votar”. Si todos los amigos de esas personas que leí en las redes sociales hubiesen cumplido con su responsabilidad cívica aquel domingo, hoy no estarían lamentando la continuidad del RN.

El promedio de abstenciones a nivel nacional alcanzó prácticamente el 60%, lo que sin duda es una cifra preocupante y que puede marcar amplias diferencias, incluso, como la de un resultado sobre quién es y será el alcalde de una comuna. ¿Pero qué pasará para las presidenciales? ¿Será este el mismo paisaje?

El próximo 17 de noviembre de 2013,  es responsabilidad de todos que la decisión de elegir al nuevo presidente de Chile sea de la gran mayoría y no de unos pocos que se la jugaron. Aunque no estaremos libres de que haya una que otra mesa en algún rincón lejano del país que casualmente se quede sin escrutar y nuevamente culpemos a nuestros amigos que no votaron por la incompetencia de una entidad pública.

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Sobre el autor

Periodista, loca y desenfrenada. No tiene mascota ni hijos. Ama la cultura y el esmalte de uñas. El cine es su perdición y últimamente se ha puesto bastante farandulera, aunque en la universidad prometió que nunca lo haría. En Twitter es @dleigthon

Hace años que se viene hablando de las grandes empresas transnacionales que subcontratan fábricas en países con gran riesgo social ya que de esta manera abaratan costos. El grave problema es que las segundas también tienen el mismo objetivo y para esto tienen paupérrimas condiciones laborales, sus trabajadores a diario se encuentran sometidos a tratos esclavizantes e incluso emplean a niños y los explotan. De acuerdo a la cifra entregada por Organización Internacional del Trabajo (OIT), en el mundo hay más de 168 millones de niños trabajando, especialmente en la industria de la moda.

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Sin embargo, existe una organización sin fines neozelandesa llamada "Child Labor Free" que nació con el objetivo de crear una etiqueta ética la cual acredite que las empresas que la usen no están relacionadas al trabajo infantil en ninguno de los procesos de producción de sus productos. Claro que para esto, la empresa debe someterse a la auditoría independiente de la consultora Ernst & Young. Michelle Pratt es la directora general y fundadora de Child Labor Free y declara que el trabajo de protección a los niños en la industria de la moda se encuentra en paralelo al de los productos con etiqueta "cruelty free" en la fabricación de cosméticos.

libre-de-esclavitud-infantil

"Child Labor Free" cuenta con el apoyo de UNICEF y ya tiene un prototipo de la etiqueta que será presentada en la próxima semana de la moda de Nueva Zelanda.

Caso GAP y Victoria’s Secret

[caption id="attachment_523820" align="aligncenter" width="660"]Child Labor In China Niña China trabajando en el algodón.[/caption] Existen diversos casos al rededor del mundo. Un ejemplo es el de GAP que en 2007 se convirtió en un gran escándalo tras conocerse la investigación del Sunday Observer que reveló que la marca usaba niños para hacer camisetas para niños. ¿Irónico no? También muy conocida es la historia de lo ocurrido con Victoria’s Secret en 2008, la compañía de lencería más famosa del mundo lanzó una campaña publicitaria asegurando que el algodón usado estaba libre de pesticidas y provenía de tratos justos. El asunto es que un año después Bloomberg News publicó una historia que rompería el corazón de millones de fanáticos de Victoria’s Secret en todo el mundo. El medio especializado en economía, informó que en la recolección de este algodón se usaba a varios niños ya que sus manos eran más pequeñas y rápidas, mucho más eficientes para este trabajo. Además, hubo una historia que particularmente la mayoría recuerda y es la de una niña de 13 años que era obligada a trabajar por su padre adoptivo. Ella debía hacer los surcos donde luego se plantaba el algodón y además estaba en pésimas condiciones alimenticias.

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Sin embargo, existe una organización sin fines neozelandesa llamada "Child Labor Free" que nació con el objetivo de crear una etiqueta ética la cual acredite que las empresas que la usen no están relacionadas al trabajo infantil en ninguno de los procesos de producción de sus productos. Claro que para esto, la empresa debe someterse a la auditoría independiente de la consultora Ernst & Young. Michelle Pratt es la directora general y fundadora de Child Labor Free y declara que el trabajo de protección a los niños en la industria de la moda se encuentra en paralelo al de los productos con etiqueta "cruelty free" en la fabricación de cosméticos.

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Hace años que se viene hablando de las grandes empresas transnacionales que subcontratan fábricas en países con gran riesgo social ya que de esta manera abaratan costos. El grave problema es que las segundas también tienen el mismo objetivo y para esto tienen paupérrimas condiciones laborales, sus trabajadores a diario se encuentran sometidos a tratos esclavizantes e incluso emplean a niños y los explotan. De acuerdo a la cifra entregada por Organización Internacional del Trabajo (OIT), en el mundo hay más de 168 millones de niños trabajando, especialmente en la industria de la moda.

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