¡Se regalan juicios!

El enjuiciamiento es una función de los Yoes primarios reaccionando contra la amenaza de los Yoes rechazados.

Basta con prender la televisión, ver los diarios, escuchar la radio, meterse a Facebook o Twitter (el gran proveedor) o detenerte un poco y hacer conscientes los vagones del tren que pasan sin parar por el riel de tu mente… Ahora no creo que tenga sentido enjuiciarte por enjuiciar o decir si esta bien o mal hacerlo –ya que seria hacer más de lo mismo- ¿Pero no sirve? Muchas veces tomamos nuestros pensamientos como si fueran los hechos o “La Verdad” sin cuestionarnos mucho su contenido y sin darnos cuenta que los pensamientos son solo eso y en nuestras relaciones con otros o con nosotros mismos, pasamos de una conducta a la generalización de la persona en su totalidad. Por ejemplo si la modelo de moda tiene más de una pareja sexual: es una puta (en su totalidad y absolutamente puta).

Si alguien realiza una conducta que evaluamos como “mala”, pasamos rápidamente a verlo como malo, mala persona, huevón, idiota, imbécil, enfermo mental, psicópata, etc. Funcionamos como si tuviéramos un captador de esencias de las personas, que no consideran el cambio ni el contexto, pero que nos ahorra tiempo.

Los juicios están conectados con el sistema nervioso autónomo y si tomas atención, muchas veces te podrás dar cuenta del alto nivel emocional que subyace cuando juzgas. El enjuiciamiento es una función de los Yoes primarios reaccionando contra la amenaza de los Yoes rechazados.

Como dice Bucay y partiendo con una cita a Perls:
“Fritz Perls solía decir que el 80% de toda nuestra percepción del mundo es pura proyección... Y cuentan que después de decirlo miraba a los ojos al interlocutor y agregaba... y la mayor parte del restante 20%...también".

Cuando las personas expresan sus quejas sobre lo que les ocurre, hay que investigar qué es "lo propio" en la persona que se está quejando .Si a él o ella, por ejemplo, le molesta el egoísmo de su compañer@, puede ser porque se pelea con su propia parte egoísta, porque no se anima a reconocerle o porque no se da el permiso de privilegiarse.

Su camino en todo caso pasará por revisar qué le pasa con su egoísmo y trabajar sobre eso, dejando que el otro sea como quiera (o como pueda).

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