Dejando los regalos a un lado, aún hay un significado navideño por el cual celebrar.


Y no me refiero en un sentido religioso o económico, más bien uno psicológico. Este es el primer año que paso sin estudiar, dime licenciada porfavor, así que será también el primer año que no tengo vacaciones y que además decidí ponerme proactiva y organizar algo bonito en navidad.

Siempre había admirado a esas familias grandes que hacen sus navidades planeadas, que hacen posadas, mandan a hacer playeras, planean actividades y hacen un montón de cosas divertidas para fomentar su núcleo.

No voy a decir que mi familia es más bien apática, nos gusta bailar. El problema es que nunca se realiza algo para todos. Y ya desde hace un mes decidimos planear actividades que si, todos hasta los más pequeñitos de dos años puedan realizar. Pero hacía falta ese espíritu de proactividad.

Probablemente les ha pasado que cuando toda la familia se reúne siempre va a haber alguien inconforme o va a surgir alguna pelea, sea grande o pequeña. Y esa es mi preparación para las grandes reuniones familiares, divertirme, convivir y saber que siempre habrá algo que no va a salir bien, pero que no es el fin del mundo.

Creo que al final es lo que cuenta, de forma independiente con las tradiciones religiosas de cada quien, la cosa es reservar ese tiempo familiar y para seres muy queridos como amigos cercanos, novios, novias etc.

Dentro de todo esto, me gustaría estar más preparada para no caer en ondas de mercadotecnia, aunque me gusta tener la casa decorada de navidad. Me gustaría que las luces navideñas no fueran para mi un sinónimo de la época navideña y que el hecho de que muchos han reducido su cantidad de luces por energía y ecología si me pega un poquito en el espíritu navideño. Pero son cosas que espero superar.

Y ustedes, ¿de qué ideas desean liberarse esta navidad?

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Sobre el autor

No le pongo café a mi azúcar. En Twitter me conocen como @dayfirefly

Hace años que se viene hablando de las grandes empresas transnacionales que subcontratan fábricas en países con gran riesgo social ya que de esta manera abaratan costos. El grave problema es que las segundas también tienen el mismo objetivo y para esto tienen paupérrimas condiciones laborales, sus trabajadores a diario se encuentran sometidos a tratos esclavizantes e incluso emplean a niños y los explotan. De acuerdo a la cifra entregada por Organización Internacional del Trabajo (OIT), en el mundo hay más de 168 millones de niños trabajando, especialmente en la industria de la moda.

937d028bcef0956664fd9609f4a49f3e

Sin embargo, existe una organización sin fines neozelandesa llamada "Child Labor Free" que nació con el objetivo de crear una etiqueta ética la cual acredite que las empresas que la usen no están relacionadas al trabajo infantil en ninguno de los procesos de producción de sus productos. Claro que para esto, la empresa debe someterse a la auditoría independiente de la consultora Ernst & Young. Michelle Pratt es la directora general y fundadora de Child Labor Free y declara que el trabajo de protección a los niños en la industria de la moda se encuentra en paralelo al de los productos con etiqueta "cruelty free" en la fabricación de cosméticos.

libre-de-esclavitud-infantil

"Child Labor Free" cuenta con el apoyo de UNICEF y ya tiene un prototipo de la etiqueta que será presentada en la próxima semana de la moda de Nueva Zelanda.

Caso GAP y Victoria’s Secret

[caption id="attachment_523820" align="aligncenter" width="660"]Child Labor In China Niña China trabajando en el algodón.[/caption] Existen diversos casos al rededor del mundo. Un ejemplo es el de GAP que en 2007 se convirtió en un gran escándalo tras conocerse la investigación del Sunday Observer que reveló que la marca usaba niños para hacer camisetas para niños. ¿Irónico no? También muy conocida es la historia de lo ocurrido con Victoria’s Secret en 2008, la compañía de lencería más famosa del mundo lanzó una campaña publicitaria asegurando que el algodón usado estaba libre de pesticidas y provenía de tratos justos. El asunto es que un año después Bloomberg News publicó una historia que rompería el corazón de millones de fanáticos de Victoria’s Secret en todo el mundo. El medio especializado en economía, informó que en la recolección de este algodón se usaba a varios niños ya que sus manos eran más pequeñas y rápidas, mucho más eficientes para este trabajo. Además, hubo una historia que particularmente la mayoría recuerda y es la de una niña de 13 años que era obligada a trabajar por su padre adoptivo. Ella debía hacer los surcos donde luego se plantaba el algodón y además estaba en pésimas condiciones alimenticias.

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Sin embargo, existe una organización sin fines neozelandesa llamada "Child Labor Free" que nació con el objetivo de crear una etiqueta ética la cual acredite que las empresas que la usen no están relacionadas al trabajo infantil en ninguno de los procesos de producción de sus productos. Claro que para esto, la empresa debe someterse a la auditoría independiente de la consultora Ernst & Young. Michelle Pratt es la directora general y fundadora de Child Labor Free y declara que el trabajo de protección a los niños en la industria de la moda se encuentra en paralelo al de los productos con etiqueta "cruelty free" en la fabricación de cosméticos.

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Hace años que se viene hablando de las grandes empresas transnacionales que subcontratan fábricas en países con gran riesgo social ya que de esta manera abaratan costos. El grave problema es que las segundas también tienen el mismo objetivo y para esto tienen paupérrimas condiciones laborales, sus trabajadores a diario se encuentran sometidos a tratos esclavizantes e incluso emplean a niños y los explotan. De acuerdo a la cifra entregada por Organización Internacional del Trabajo (OIT), en el mundo hay más de 168 millones de niños trabajando, especialmente en la industria de la moda.

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Sin embargo, existe una organización sin fines neozelandesa llamada "Child Labor Free" que nació con el objetivo de crear una etiqueta ética la cual acredite que las empresas que la usen no están relacionadas al trabajo infantil en ninguno de los procesos de producción de sus productos. Claro que para esto, la empresa debe someterse a la auditoría independiente de la consultora Ernst & Young. Michelle Pratt es la directora general y fundadora de Child Labor Free y declara que el trabajo de protección a los niños en la industria de la moda se encuentra en paralelo al de los productos con etiqueta "cruelty free" en la fabricación de cosméticos.

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