De cuando hay que decidir entre hablar ahora o callar para siempre.


No meter la nariz en los asuntos de los demás es una lección que, tarde o temprano, todos aprendemos. Pero, ¿será que hay situaciones que ameritan nuestra intervención?

Durante muchos años supe que el novio de una amiga (no muy cercana) le era infiel. En algún momento de la vida ella se enteró, y mi reacción cuando me lo contó fue de sorpresa fingida, algo que ella pudo notar, así que me preguntó si yo ya lo sabía: No quise mentir más y le dije que sí.

Su respuesta, lejos de ser lo que yo esperaba, fue nada más una larga mirada al vacío acompañada de un suspiro. Eso sólo me hizo pensar que tal vez, a pesar de que no eramos las mejores amigas, debí decirle cuando supe.

Hace no mucho me volvió a pasar lo mismo: Me enteré de que otro de los novios de alguien con quien sí tengo una relación bastante estrecha andaba de Don Juan. Mi primer instinto fue decirselo “en buena onda” porque no quería volver a sentir que me guardé información importante; información que tal vez mi otra amiga hubiese valorado si la hubiese recibido a tiempo.

Con toda razón, ella sí reaccionó mal a lo que le dije y me pidió que no me metiera en su relación, ya queconfía plenamente en su novio. Y no puedo culparla, ¿saben? Porque idealmente hay que creerle a la pareja (aunque no ciegamente, claro).

Creo que si yo me encontrara del otro lado del espectro, apreciaría mucho que me dieran este tipo de alarmas o consejos, no para tomarlos como verdad inmediata, sino para tener una conversación con mi pareja o hacer algo al respecto; sería tonto pensar que hay que hacerle caso a absolutamente todo lo que te dicen sin antes hablarlo con los involucrados, pero creo que tampoco se vale taparse los oídos y hacer como que no pasa nada.

Pero bueno, eso es como me siento yo; y también puedo entender por qué mi amiga, la que no tomó nada bien mi advertencia, se sintió ofendida e invadida. La pregunta es ¿cómo saber cuándo meterse y cuándo no? ¿Sugerencias?

Keeping sharing simple...
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Sobre el autor

Fan de Hello Kitty y las películas de terror. Cambia de color de cabello como de opinión, baila descalza y no cuenta las calorías de los chocolates. En twitter es @leureena y escribe desde México.

Hace años que se viene hablando de las grandes empresas transnacionales que subcontratan fábricas en países con gran riesgo social ya que de esta manera abaratan costos. El grave problema es que las segundas también tienen el mismo objetivo y para esto tienen paupérrimas condiciones laborales, sus trabajadores a diario se encuentran sometidos a tratos esclavizantes e incluso emplean a niños y los explotan. De acuerdo a la cifra entregada por Organización Internacional del Trabajo (OIT), en el mundo hay más de 168 millones de niños trabajando, especialmente en la industria de la moda.

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Sin embargo, existe una organización sin fines neozelandesa llamada "Child Labor Free" que nació con el objetivo de crear una etiqueta ética la cual acredite que las empresas que la usen no están relacionadas al trabajo infantil en ninguno de los procesos de producción de sus productos. Claro que para esto, la empresa debe someterse a la auditoría independiente de la consultora Ernst & Young. Michelle Pratt es la directora general y fundadora de Child Labor Free y declara que el trabajo de protección a los niños en la industria de la moda se encuentra en paralelo al de los productos con etiqueta "cruelty free" en la fabricación de cosméticos.

libre-de-esclavitud-infantil

"Child Labor Free" cuenta con el apoyo de UNICEF y ya tiene un prototipo de la etiqueta que será presentada en la próxima semana de la moda de Nueva Zelanda.

Caso GAP y Victoria’s Secret

[caption id="attachment_523820" align="aligncenter" width="660"]Child Labor In China Niña China trabajando en el algodón.[/caption] Existen diversos casos al rededor del mundo. Un ejemplo es el de GAP que en 2007 se convirtió en un gran escándalo tras conocerse la investigación del Sunday Observer que reveló que la marca usaba niños para hacer camisetas para niños. ¿Irónico no? También muy conocida es la historia de lo ocurrido con Victoria’s Secret en 2008, la compañía de lencería más famosa del mundo lanzó una campaña publicitaria asegurando que el algodón usado estaba libre de pesticidas y provenía de tratos justos. El asunto es que un año después Bloomberg News publicó una historia que rompería el corazón de millones de fanáticos de Victoria’s Secret en todo el mundo. El medio especializado en economía, informó que en la recolección de este algodón se usaba a varios niños ya que sus manos eran más pequeñas y rápidas, mucho más eficientes para este trabajo. Además, hubo una historia que particularmente la mayoría recuerda y es la de una niña de 13 años que era obligada a trabajar por su padre adoptivo. Ella debía hacer los surcos donde luego se plantaba el algodón y además estaba en pésimas condiciones alimenticias.

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Sin embargo, existe una organización sin fines neozelandesa llamada "Child Labor Free" que nació con el objetivo de crear una etiqueta ética la cual acredite que las empresas que la usen no están relacionadas al trabajo infantil en ninguno de los procesos de producción de sus productos. Claro que para esto, la empresa debe someterse a la auditoría independiente de la consultora Ernst & Young. Michelle Pratt es la directora general y fundadora de Child Labor Free y declara que el trabajo de protección a los niños en la industria de la moda se encuentra en paralelo al de los productos con etiqueta "cruelty free" en la fabricación de cosméticos.

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Hace años que se viene hablando de las grandes empresas transnacionales que subcontratan fábricas en países con gran riesgo social ya que de esta manera abaratan costos. El grave problema es que las segundas también tienen el mismo objetivo y para esto tienen paupérrimas condiciones laborales, sus trabajadores a diario se encuentran sometidos a tratos esclavizantes e incluso emplean a niños y los explotan. De acuerdo a la cifra entregada por Organización Internacional del Trabajo (OIT), en el mundo hay más de 168 millones de niños trabajando, especialmente en la industria de la moda.

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