2012, fue un buen año

A veces el año te trae lo que menos esperas.

¿Creían que se iban a escapar sin mi reflexión sobre el fin de año? Creo que ya saben bastante sobre mí, hasta podríamos decir que somos amigos. Por tanto, les hablaré del 2012, un año inesperado en muchos sentidos. Pero certero, porque decidí ponerme, ahora si como meta fija ser cantante de ópera, sin importar el esfuerzo, dinero o tiempo que cueste, o que al mismo tiempo en que me preparo tenga que realizar dos trabajos al mismo tiempo.

Tomar una decisión puede no parecer importante, pero en realidad, si quieres llegar a algún lado en la vida lo es todo. Por eso creo que fue un año en particular importante, aparte de que di unos pasitos de bebé para llegar a donde quiero. Por ejemplo, por primera vez canté en un musical, después de casi 5 años de frustración de no ser seleccionada en las producciones de mi universidad.

Me cambié dos veces de ciudad, Monterrey-Miami-Ciudad de México, tres veces de trabajo y unas dos de look. Cumplí un cuarto de siglo. Recuperé una amistad con alguien muy importante en mi vida, que creí perdido para siempre. Y también hubo algunas batallas perdidas.

Y aunque en el momento las batallas perdidas no son agradables, te ayudan a mantener el suelo y la firmeza: aún no estoy donde quiero, y me hace falta seguir trabajando, mejorando y creciendo para cuando mi oportunidad se presente. Pero en definitiva noto avances y, de momento, el año me ha traído hasta aquí, a la Ciudad de México, a Belelú, donde por el momento siento es el lugar adecuado para mí.

Con todo y todo, todos los viajes y mudanzas inesperados, los planes que pasaron y los que no, 2012 ha sido un año maravilloso en el que la vida me ha regalado algo muy valioso: he perdido el miedo que me estorbaba para hacer lo que quiero, hablar abierta y honestamente y tantas otras cosas para las que me estorbaba. Pero ya no está.

¿Cómo ha sido su 2012?

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