Terminar con un no-novio

Hay relaciones que a veces es imposible terminar de forma limpia.

Lectores de Belelú, estoy un poco ponchadita esta semana. Hace dos días terminé una relación de cuatro años con mi no-novio. Vamos a empezar por el principio para que no haya confusiones: un no-novio es la relación con la comunicación más deficiente que puede haber.

¿Cómo se convierte alguien en tu no-novio? De la forma más ridícula y apegada posible. Rompen la relación, pero no se separan nunca del todo, y en algunos casos para nada. Hay que darle su valor a las cosas: si fuimos novios oficiales por más de un año, luego las cosas se pusieron muy complicadas, ya nunca más fueron sencillas porque como ya no había una relación oficial, cada quien seguía las reglas de la forma en que sentía los límites de las cosas, sin en realidad hablarlo o discutirlo.

Sé que suena muy ridículo, pero conozco a mujeres que les ha pasado lo mismo y que incluso después de que las dejan plantadas a sólo unos días de la boda (historia real), deciden quedarse con el tipo y luego tienen un bebé. Aunque desconocen los términos en los que se encuentra su relación.

El mayor problema es que si vas a tener un no-novio, vas a salir perdiendo. ¿Por qué? Simple, porque tu no-novio va a querer (y exigir) todos los beneficios de tener una relación sin tener las obligaciones. Es decir, si hace planes con sus amigos le puede dar por no avisarte ni invitarte. Puede ser que le de por salir con alguien más, porque al fin y al cabo ustedes no son nada, pero igual va a querer llegar por las noches a acostarse contigo. Y también te va a decir que te quiere, que te ama, pero pregúntale cuándo va a volver a ser tu novio y te va a decir que luego cuando sea un mejor momento.

Pero cuidado y salgas sin avisarle, salgas con tus amigas o quieras tal vez comenzar a salir con alguien más bajo la lógica de que no son nada. Porque entonces si, les pusiste el cuerno y eres una zorra maldita desgraciada que les arruinó la vida. Nunca van a admitir el hecho de que si cosas así pasan, ambas partes tienen una parte de responsabilidad. Tú por nunca aclarar bien las cosas ni el estado de su relación y él por pasar mucho tiempo sin valorarte como lo mereces. Lo peor es que aquí tienes más culpa tú: en cierta forma, tu dejaste que no te tratara como te mereces por mucho tiempo, lo permitiste y esperaste que mejorara. Pero no lo hizo.

Les cuento esta historia para que no aguanten una relación así, no tienen por qué. Por dos razones: a los hombres les queda bien la comodidad, si les permiten algo así, nunca más van a comprometerse con ustedes. Puede que los caballeros que leen Belelú estén de acuerdo o en desacuerdo, pero si analizan los casos de amigas, primas, compañeras y colegas que conocen, pueden encontrar algo de verdad en eso.

Es una locura volverse a meter en una relación tan rota. Por las situaciones que les mencioné antes. Pero la química entre dos personas es una cosa muy poderosa. Y si, había mucha química, muchos amigos, gustos y momentos en común. También la culpa es un elemento poderoso.

Y no me mal entiendan. No todo era sufrimiento y desesperación. Si seguimos juntos era porque a pesar de toda la historia, y cosas que ninguna de las dos partes pudo perdonar u olvidar del todo, seguía habiendo buenos momentos y largas conversaciones. El problema es que nunca fueron lo bastante profundas para abordar todos estos problemas. Tantas veces quedándonos en esa superficialidad amorosa de las parejas recién formadas hasta que algo sucedía para traer de vuelta elementos del pasado. Parecía el ciclo interminable.

Hasta que hace seis meses me fui del país de sorpresa y no regresé en tres. Peor aún, no regresé a la misma ciudad donde habíamos estado juntos tanto tiempo para seguir las metas que tengo en mi carrera. Me di cuenta que una relación así no podía aguantar mucho la distancia y que, en realidad el siguiente capítulo de mi vida parece uno para hacer sola.

Hace como dos meses tuvimos una discusión y me dejó de hablar. Me cortó todos los medios de comunicación. Lo que acepté, pero sentía un vacío por no haber podido tener una ruptura bien. Donde ambas partes hablaran sobre lo que había pasado y hubiera un aprendizaje y una forma para que ambas almas cerraran el capítulo de forma limpia. Cerrar ciclos.

Hace poco le llamé y contestó y volvimos a tener unos días de comunicación. Incluso vino a visitarme. Y pasamos unos días lindos, como antes. Y justo cuando me preparaba para esa plática tan importante, salió a relucir uno de esos rasgos que siempre nos trajeron problemas: se puso a revisar mis mensajes y como es obvio, encontró algo que no le gustó. Algo que nadie debe tolerar en una relación, si me preguntan.

Se imaginó una historia macabra donde yo soy una vampiresa de hombres y no puedo estar sola. Y no quiso encontrarme para hacer las cosas bien. En su mente seguro soy una zorra maldita, cuando esta vez, quizás sólo esta, no tenía culpas y tenía toda la disposición de terminar bien las cosas por las razones correctas: nuestras vidas están tomando rumbos muy diferentes.

Una amiga me dijo que con algunas personas es imposible una ruptura limpia. Cada vez que lo intentas de nuevo terminas haciendo todo más confuso y complicado. Creo que este es el caso. Y no me queda nada más que aceptar que es probable que nunca seamos amigos de nuevo.

¿Han tenido una relación así?

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