Mujer es condenada a 100 latigazos y 8 meses de arresto por ser violada

Qué difícil es entender y poder flexibilizar con los fundamentos de una cultura impregnada en islamismos y que ante nuestros "occidentales" ojos consideramos -por decir lo menos- una verdadera brutalidad.

Y aunque parezca difícil de creer y más aún de aceptar, un tribunal de Las Maldivas (Sur de Asia) condenó a una joven de 15 años a 100 latigazos y ocho meses de arresto domiciliario por tener relaciones sexuales prematrimonioales. Pero más allá de estar de acuerdo o no con estás arcaicas reglamentaciones culturales, el problema es que la infracción fue producto de una violación realizada por su padrastro, según informa diario El País.

Producto de la violación, la joven quedó embarazada, pero al dar a luz el recién nacido fue asesinado por el abusador, quien está siendo procesado por esta situación al igual que la madre acusada de encubrir los hechos.

Sin embrago, quien se ha llevado la mayor pena es la pequeña condenada por la violación de la que fue víctima.

Según Zaima Nasheed, portavoz del juzgado juvenil, la condena se justificaría en que las autoridades judiciales de terminaron que la adolescente cometió el delito de forma voluntaria. Aunque igual deberá ingresar en un centro de menores para cumplir con el arresto domiciliario, mientras que los latigazos serán postergados hasta que cumpla los 18 años.

El caso se destapó tras la denuncia del asesinato de un bebé en la isla de Feydhoo, perteneciente a la administración de Shaviyani Atoll, ubicada en el norte del país asiático.

Por su parte, Amnistía Internacional ha expresado que la condena “es cruel, degradante e inhumana”, denunciando la existencia de otras injusticias como estas. “El mes pasado, otra niña que había sufrido abusos sexuales fue condenada a la misma pena”, dijo el investigador Ahmed Faiz.

Qué difícil es entender y poder flexibilizar con los fundamentos de una cultura impregnada en islamismos y que ante nuestros "occidentales" ojos consideramos -por decir lo menos- una verdadera brutalidad.

Fuente: El Paìs

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