Viña 2013: 31 Minutos, volver a la esencia del festival

Gracias 31 Minutos por darnos lecciones de un espectáculo de calidad, enriquecer el contenido televisivo y devolvernos el gusto y la esencia de como era un Festival de Viña del Mar.

Cada vez que venía una nueva versión del Festival de Viña del Mar, me detenía en la nostalgia, en el sonido del pasado, en la imitable voz de Antonio Vodanovic, en las reuniones con amigos y familiares que disponían sus televisores sin cable, para esperar con bebidas, traguitos y alguno que otro picadillo ver y por sobre todo escuchar al artista de turno.

Hace mucho que no esperaba como ayer, retornar a esos años de telespectación viñamarina, ¿el culpable?: el show de 31 Minutos, ese original proyecto que nació como un programa televisivo compuesto por títeres de géneros que desarrollaron mente y corazón gracias al ingenio de un par de científicos locos conocidos hoy por APLAPLAC.

La idea era utilizar un lenguaje para llegar a niños de verdad, pero el camino los condujo a encontrarse con una amplia generación de niños perdidos, a encontrarse con nosotros.

Así que cambiando inevitablemente mi escenario de playa y puesta de sol de años en los que se disfrutaba realmente del festival, por el de un Santiago transpirado y su triste locomoción go home. Aceleré inútilmente con los pies el eterno recorrido a casa.

Cuando llegué estaban mi vieja y pequeño esperándome y luego de comunicarles mis intenciones nocturnas, comenzamos a armar nuestra propia noche de festival. La buena compañía, el snack improvisado, la bebida y la tele a todo volumen, qué más podía faltar.

Como había tenido la oportunidad de disfrutar de su espectáculo en Lollapalooza, mis expectativas eran altas y claro, las superaron, bastó que saliera Tulio para emocionarme por toda la entrega y pensar en la sacada de cresta que hay detrás de un show como aquel.

Con pequeño gritamos la mayoría de las canciones, nos abrazamos con 'Diente Blanco', nos emocionamos con el 'Dinosaurio Anacleto', nos creímos los mejores rin rin rajadores, nos enredamos con 'Severlá', enloquecimos con ¿Slash? y el 'Equilibrio espiritual', cantamos como idiotas y nos cagamos de la risa con la presencia de Dios en el jurado y el guiño a Julio Iglesias sobre aquel hijo nunca llamado Chile y así, volvían a mi mente esos años en que Viña sí tenía festival.

En más de 31 minutos, los titeres montaron un espectáculo que no sólo rescató algunas ideas clásicas del formato del festival de la voz, sino que además hizo que cientos de personas volvieran a reunirse delante de una pantalla, creyendo y exigiendo el derecho de todo niño, "a un espectáculo de calidad y no de las porquerías que dan en la televisión", como acertadamente lo diría Calcetín con Rombos Man.

31 minutos consiguió que amigos y familias enteras se reunieran y encendieran sus televisores saturados de tanto canal premium, con el objetivo de sintonizar una estación en particular y por fin ver "Te ve de Verdad". Si no me cree, pregúntele a los 53 puntos de rating que obtuvieron anoche.

Fue bacán ver a don Sergio y a Huachimingo en la Quinta Vergara, fue emocionante sentir a los músicos y a todo al equipo humano así de eufóricos y entregados. Fue memorable entender que los verdaderos títeres de la televisión, no son precisamente aquellos que presentaron ayer un alucinante show, sino que aquellos que aún no entienden la diferencia entre apagar la tele, descubrir mundos complejos en la imaginación y encenderla para este tipo de ocasión.

Gracias 31 Minutos por darnos lecciones de un espectáculo de calidad, enriquecer el contenido televisivo y devolvernos el gusto y la esencia de como era un Festival de Viña del Mar.

Así comenzó el gran momento:

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