Piña adentro, las apariencias engañan

"Similares a las fiestas Plop! que hacen en Buenos Aires, aunque menos masivas y más desordenadas, las Piña Loca son unas fiestas itinerantes con un tono irreverente en las que se mezcla una fauna capitalina bien divertida y donde muchos terminan bailando ebrios sin sus poleras de animal print o tachas".

Si todos nos quedáramos con la impresión que nos causan las superficies, probablemente la humanidad nunca hubiese descubierto que detrás de una capa tan hostil y gruesa se escondía un delicioso y refrescante fruto amarillo al que conocemos como piña.

Desperté un sábado sin saber muy bien dónde estaba. Entre las persianas apenas divisé que estaba en un piso alto, y por la luz pude intuir que era cerca del mediodía. A lo lejos escuché una voz reconocible y así se me vino el primer flashback. En algún momento de la noche me escapé de la fiesta en la que estaba y llegué a Soda, un club gay ubicado en pleno Barrio Bellavista en el que la música no es tan buena y los chicos tampoco, pero sirve para toparse con gente y pasar el rato antes de que la noche termine. Ahí me encontré con Damián acompañado de sus amigos, por lo que concluyo que todo terminó en un after en su depa, el mismo en que me encontraba ahora. Me levanté de la cama y cuando llegué al pasillo me di cuenta de que solo llevaba mis calzoncillos y una polera de fútbol Adidas con líneas doradas. Súper sexy oye. Al llegar a la cocina vi que Damián estaba con alguien más. Se trataba de su compañero de piso, un chico guapo que vestía pantalones de pijama con estampados de Bob Esponja. No sé si fue porque era mi caricatura favorita o porque todavía no podía abrir bien los ojos por la luz, pero me atrajo de inmediato. Miré rápidamente a mi alrededor para chequear que no viviera en una piña debajo del mar. Y no. Era un lindo y amplio departamento en el área antigua de Providencia. Tras un coqueteo mutuo, me acordé de mi outfit y pensé en lo chascón y ojeroso que debía estar, por lo que me fui rápidamente de ahí pensando en cuándo sería la próxima vez que lo vería.

Una semana después todos nos preparábamos para el aniversario de “Piña Loca”. Similares a las fiestas Plop! que hacen en Buenos Aires, aunque menos masivas y más desordenadas, las Piña Loca son unas fiestas itinerantes con un tono irreverente en las que se mezcla una fauna capitalina bien divertida y donde muchos terminan bailando ebrios sin sus poleras de animal print o tachas. Junto a mi amiga Vilma -fanática de las tachas- nos habíamos pasado toda la tarde de ese sábado tomando espumante en la inauguración de una tienda en Barrio Italia. Más tarde decidimos que era hora de partir rumbo al ‘pre’ de la fiesta, que sería nada menos que en el depa de Damián y “Bob”.

La noche avanzaba en el ‘pre’, los amigos seguían llegando y el vodka corría como agua, sin embargo con Bob no todo fluía tan bien. Pensé que habría más coqueteo y menos “¿de qué colegio saliste?”, pero al parecer él solo estaba interesado en levantar lo más rápido posible la mayor cantidad de datos sobre mí y cruzarlos con la gente en común que conocíamos para terminar en comentarios del tipo “ahh… tú eres amigo de Juanito Bleh”, seguido de una mueca que tiró al fondo de alguna parte mi interés por seguir conociéndolo. Ni siquiera había averiguado si besaba bien y ¿ya estaba teniendo problemas por mis amigos? Si alguien nos interesa como para conocer más allá de la superficie, ¿no se supone que deberíamos hacerlo con más tiempo y sin conclusiones apresuradas?

En algún punto de la madrugada llegamos a Centro Arte Alameda, la locación elegida para Piña Loca. Estábamos todos los del ‘pre’ –salvo Bob que no fue- en llamas. Una vez adentro comenzaron a caer capas de ropa mientras subían los beats de una DJ Lizz que lo estaba dando todo detrás de sus labios rojos perfectos. Yo le robaba sorbos de vodka a mis amigos mientras un chico X me robaba besos. En algún momento entre salidas a fumar y coqueteos con chicos guapos apareció uno de los organizadores de la fiesta con una botella de bebida cola sin etiqueta y rellena con un extraño brebaje verde turbio en su interior. Por un momento casi me dejé llevar por la superficie, pero me atreví. Nunca estuve seguro de qué fue realmente lo que bebí, pero según yo fue ron coco con jugo de piña y estuvo rico.

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