Creo que el amor es tan perfecto en sí que no necesita luces de neón ni acrobacias de ningún tipo para hacerlo más interesante


Podría sentarme a decirles cómo me siento acerca del día de San Valentín, pero la verdad es que para mí es como cualquier otro día del año desde que dejé de recibir corazones de papel y paletas de cereza en el colegio.

Como cualquier otro día, no necesito una excusa para acercarme a un amigo y decirle lo mucho que lo quiero. Cuando puedo, les mando una señal de humo a mis amigas para que sepan que siguen aquí; que aunque vivamos lejos están cerca de mi corazón y no hay momento en que no las extrañe.

Con mi pareja es lo mismo. El amor no está en ver quién gasta más dinero en el regalo de quién, ni en recibir el arreglo de flores más elaborado. El amor está en las pequeñas cosas. El amor está en cocinar juntos una cena para dos; en consolarse cuando el corte de cabello que te hicieron en la peluquería te quedó terrible.

El amor está en apoyar al otro y recordarle que, sin importar qué tan difíciles se pongan las cosas, todos los obstáculos se pueden vencer. Sonará muy al estilo de Paulo Coehlo todo esto, pero lo digo porque lo creo firmemente. El amor está en el abrazo que recibes cuando llegas a casa vencida por el trabajo, en el vaso de agua fresca que te sirven cuando te sientes cansada y enferma. El amor está en ese masaje de pies después de una larga semana.

Creo que el amor es tan perfecto en sí que no necesita luces de neón ni acrobacias de ningún tipo para hacerlo más interesante. El amor es la voz reconfortante de tu madre cuando todo está saliendo mal; es tu padre caminando al altar para entregarte a tu futuro esposo, es tu hermano diciéndote que nadie más te va a romper el corazón.

Así es como lo veo: podría pasarme el tiempo pensando en todos los clichés, enfadarme cuando veo a parejitas demostrando su amor en público con besos largos e incómodos en el transporte público, y torturándome con una lista de canciones hechas especialmente para sobrevivir al día de los Enamorados. O bien, puedo aceptar que solo es cuestión de hacer una llamada o enviar un correo para dar, y recibir, el cariño que ya está ahí.

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Sobre el autor

Fan de Hello Kitty y las películas de terror. Cambia de color de cabello como de opinión, baila descalza y no cuenta las calorías de los chocolates. En twitter es @leureena y escribe desde México.

Hace años que se viene hablando de las grandes empresas transnacionales que subcontratan fábricas en países con gran riesgo social ya que de esta manera abaratan costos. El grave problema es que las segundas también tienen el mismo objetivo y para esto tienen paupérrimas condiciones laborales, sus trabajadores a diario se encuentran sometidos a tratos esclavizantes e incluso emplean a niños y los explotan. De acuerdo a la cifra entregada por Organización Internacional del Trabajo (OIT), en el mundo hay más de 168 millones de niños trabajando, especialmente en la industria de la moda.

937d028bcef0956664fd9609f4a49f3e

Sin embargo, existe una organización sin fines neozelandesa llamada "Child Labor Free" que nació con el objetivo de crear una etiqueta ética la cual acredite que las empresas que la usen no están relacionadas al trabajo infantil en ninguno de los procesos de producción de sus productos. Claro que para esto, la empresa debe someterse a la auditoría independiente de la consultora Ernst & Young. Michelle Pratt es la directora general y fundadora de Child Labor Free y declara que el trabajo de protección a los niños en la industria de la moda se encuentra en paralelo al de los productos con etiqueta "cruelty free" en la fabricación de cosméticos.

libre-de-esclavitud-infantil

"Child Labor Free" cuenta con el apoyo de UNICEF y ya tiene un prototipo de la etiqueta que será presentada en la próxima semana de la moda de Nueva Zelanda.

Caso GAP y Victoria’s Secret

[caption id="attachment_523820" align="aligncenter" width="660"]Child Labor In China Niña China trabajando en el algodón.[/caption] Existen diversos casos al rededor del mundo. Un ejemplo es el de GAP que en 2007 se convirtió en un gran escándalo tras conocerse la investigación del Sunday Observer que reveló que la marca usaba niños para hacer camisetas para niños. ¿Irónico no? También muy conocida es la historia de lo ocurrido con Victoria’s Secret en 2008, la compañía de lencería más famosa del mundo lanzó una campaña publicitaria asegurando que el algodón usado estaba libre de pesticidas y provenía de tratos justos. El asunto es que un año después Bloomberg News publicó una historia que rompería el corazón de millones de fanáticos de Victoria’s Secret en todo el mundo. El medio especializado en economía, informó que en la recolección de este algodón se usaba a varios niños ya que sus manos eran más pequeñas y rápidas, mucho más eficientes para este trabajo. Además, hubo una historia que particularmente la mayoría recuerda y es la de una niña de 13 años que era obligada a trabajar por su padre adoptivo. Ella debía hacer los surcos donde luego se plantaba el algodón y además estaba en pésimas condiciones alimenticias.

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Sin embargo, existe una organización sin fines neozelandesa llamada "Child Labor Free" que nació con el objetivo de crear una etiqueta ética la cual acredite que las empresas que la usen no están relacionadas al trabajo infantil en ninguno de los procesos de producción de sus productos. Claro que para esto, la empresa debe someterse a la auditoría independiente de la consultora Ernst & Young. Michelle Pratt es la directora general y fundadora de Child Labor Free y declara que el trabajo de protección a los niños en la industria de la moda se encuentra en paralelo al de los productos con etiqueta "cruelty free" en la fabricación de cosméticos.

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Hace años que se viene hablando de las grandes empresas transnacionales que subcontratan fábricas en países con gran riesgo social ya que de esta manera abaratan costos. El grave problema es que las segundas también tienen el mismo objetivo y para esto tienen paupérrimas condiciones laborales, sus trabajadores a diario se encuentran sometidos a tratos esclavizantes e incluso emplean a niños y los explotan. De acuerdo a la cifra entregada por Organización Internacional del Trabajo (OIT), en el mundo hay más de 168 millones de niños trabajando, especialmente en la industria de la moda.

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