Celebremos a Lynn Conway, mujer transgénero y mano invisible del Silicon Valley

La ingeniera transgénero que trabajó en el desarrollo de los chips y microprocesadores de nuestros móviles, tabletas y laptops.

Tiene 76 años y fue parte vital del desarrollo de la ingeniería necesaria para crear los chips y microprocesadores que encontramos hoy en día en nuestros celulares, tablets y laptops. Asimismo fue profesora para MIT y líder de investigación en el campo de informática para Xerox. Sin embargo su trabajo ha sido escasamente difundido.

Lynn Conway fue quizás una de las primeras personas en tramitar un cambio de género moderno en los Estados Unidos. Nació y se le asignó el género masculino en 1938 y, por simple falta de entendimiento de su sentir femenino, decidió asumir un rol de hombre. Hombre en la escuela, hombre en la universidad. Y no es sino hasta que llega a sus 20 años que decide iniciar un proceso de hormonización automedicado.

No obstante, sus amigos trabajaron en contra de sus deseos y la denunciaron con el decano en MIT, quien en su momento le dice que lo más seguro es que pierda la cabeza si se sigue medicando. Y así es como detiene su proceso.

La transición real de Conway llega más adelante, años después. Siguiendo el consejo del decano, detiene su tratamiento pero desarrolla una fuerte depresión universitaria y es así como decide retirarse de sus estudios. Conway salta de MIT a trabajo de técnico en electrónica y se hace papá. Y como cualquier padre en desespero, busca un trabajo formal y estable. Hecho que la aterriza en IBM.

A dos de salir de sus 20, Conway recae en su depresión, que la lleva a ponerse un arma en la frente. Fría y desesperada, titubea para disparar. Su esposa llega al rescate, quien, para lidiar con el tema, planea lo que serán los próximos 20 años de Conway: una transición y cambio de género. No obstante primero pidiéndole un divorcio y custodia de sus hijos.

IBM tomó la misma decisión. Sin importar sus pasos agigantados a nivel de desarrollo laboral, le dan las gracias. Tanto la exesposa como el exempleador le dan la espalda.

La mano invisible del Silicon Valley

A mediados de 1970, Intel presenta al mundo su primer microprocesador de chip. Básicamente una revolución que permitiría vivir la tecnología a modos escalables y en ese entonces la más importante promesa en el desarrollo computacional. Esta tecnología presentó la complicación que obligó a las empresas del Silicon Valley a reemplazar una cantidad considerable de empleados por temas de capacitación. Xerox, monstruo en producción de tecnologías del momento, decide organizar un equipo de capacitación… que incluye a Conway, y le pide desarrollar nuevos métodos de producción de microprocesadores.

Conway crea el primer libro texto de producción de chips e impresión de estos mismos, material que más adelante la llama a entregar un profesorado en MIT, el mismo lugar de donde se retiró por miedo al rechazo interpersonal.

El método que se acabó publicando fue denominado sistema “Mead-Conway” de producción de chips. Todavía está presente en gran parte de la manufactura actual y definitivamente el motor de creación de empresas de tecnología en el Silicon Valley. En más de una ocasión se ha comentado que sin este fácil acceso a métodos de producción de tecnología, tal vez no se habría desarrollado un “Silicon Valley”, ni hablar de los múltiples hijos derivados que hoy en día marcan la pauta de cómo nos relacionamos con otros seres humanos.

Lynn Conway finalizó su carrera académica dirigiendo estudios en desarrollo de chips de computación en la Universidad de Michigan. En los años previos a retirarse, comparte su historia. Resulta que su trabajo en IBM cayó bajo apropiación de terceros, quienes se colgaron sus medallas, aprovechando su ausencia.

Y Lynn se obligó a compartir. A contar la historia de cómo se pierden 2 hijos, una esposa, un grado en MIT y un trabajo en la punta de lanza de IBM por querer ser quien eres, para resurgir como la heroína de la industria por su propia cuenta y darnos a nosotros una lección en el desarrollo de tu vida que, como lo comentó en una entrevista, “ya que diseñas tu cuerpo, también diseñas tu vida, tu mandas”.