Virginidad y la metamorfosis de un concepto que solía generar pudor

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Cabe preguntarse: ¿por qué, hasta el día de hoy, celebramos cuando llega la menstruación, pero vemos la virginidad como algo que se pierde?

La virginidad siempre ha sido un tema del que queremos hablar, pero que nos incomoda un poco. Está esta imagen de la mujer o el hombre virgen, como algo sagrado, puro, que no ha sido vulnerado; concepto que claramente está influenciado por las figuras religiosas.

Pero seamos sinceros; la virginidad siempre ha sido algo más determinante si se mira del punto de vista femenino. No necesariamente porque nosotras lo creamos así, sino que por esa misma herencia religiosa de la que hablamos y por la visión machista de la sociedad.

Esa castidad o esa pureza asociada a una mujer virgen es una concepción que ha ido mutando a medida que ha pasado el tiempo. Basta con analizar la visión de virginidad que se tenía en el siglo XIX: el himen era la membrana moral, una especie de “sello de garantía” que ubicada a una mujer por sobre otra, como una señal de que una “valía más” que la ya se había iniciado sexualmente.

Bastante irónico, pensando en que muchas de las jóvenes y niñas que perdían esa “membrana moral”, no lo hacían porque querían, sino que porque eran víctimas de violaciones y matrimonios arreglados a edades demasiado tempranas.

© cutlondon.wordpress.com

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Cabe preguntarse: ¿por qué, hasta el día de hoy, celebramos cuando llega la menstruación, pero vemos la virginidad como algo que se pierde? La menstruación es esa señal de que la mujer puede dar vida, y la vida se concibe, tradicionalmente, gracias a la penetración. ¿Por qué esa dicotomía?

Tal como lo dice Felix Larrocca en su trabajo “La Virginidad Como Tabú”, en el siglo XIX la virginidad era un estado biológico y decoroso. Pocos discutían que para la mujer, no fuera “la gema más esplendente en la corona de la virtud femenina”.

¿Qué pasa ahora? Es claro que el concepto de virginidad ha tenido una metamorfosis importante. Con el paso del tiempo, la liberación sexual y la proliferación de la lucha por los derechos de las mujeres, ser virgen ya no tiene por qué significar pureza o valor.

Sin embargo, y a pesar de que dejar de ser virgen no tiene una connotación tan potente como antes, el concepto todavía tiene algunos aspectos que dejan mucho que desear. Todavía se considera que una mujer es virgen cuando un hombre la penetra, pero así como el sexo incluye mucho más que las relaciones sexuales, la virginidad también debería ser mirada desde ese punto de vista.

Todavía hay una visión de que es el hombre quien “le quita” algo a la mujer, sólo porque nosotras tenemos un himen y ellos no. Si dependiera de eso, todas las mujeres que llevan años teniendo relaciones, pero que aún tienen su himen por razones varias, todavía serían “vírgenes”.