Hasta que la bancarrota no los separe

Hasta que la bancarrota no los separe

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Algunas personas se mantienen unidas a parejas abusivas porque su necesidad de sobrevivir a la carencia económica no les deja otra alternativa.

Tomar la decisión de mudarse a vivir con la pareja es un gran paso en la vida y que necesita de mucha madurez. Es precisamente en esa convivencia diaria en que se conoce realmente a la persona, pues compartir un mismo espacio puede traer muchos momentos bellos, pero también constantes discusiones y diferencias en el modo de vivir.

El arriendo, las cuentas y los impuestos que se deben pagar puede empezar a incomodar la bella experiencia de vivir en pareja. De hecho, el tema financiero puede convertirse en una forma de abuso y de control de la relación.

En las principales ciudades del mundo el precio del alquiler es elevado y algunas personas permanecen en relaciones abusivas porque no tienen cómo pagarse una vivienda ni dónde ir, aguantando muchas veces hasta la violencia.

CC0 Pixabay

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Una empresa del Reino Unido, Ziffit, realizó una encuesta a 2.040 personas de ese país y descubrió que el 28% de los participantes que actualmente se encuentran en una relación, admitieron que la seguridad financiera es un factor clave que los mantiene unidos a su pareja.

En esa misma línea, un informe de la organización benéfica para las personas sin hogar, Crisis, da cuenta que el 27% de las personas que usan este servicio afirmaron que han sostenido relaciones sexuales no deseadas con alguien desde que quedaron sin techo, y esto es aún más frecuente en mujeres.

El no encontrar un trabajo y la brecha salarial existente entre hombres y mujeres, ha hecho que éstas se mantengan viviendo con alguien que las trata mal o en una relación que se acabó el amor, sólo porque no tienen dónde ir y eso genera un sentimiento angustiante que las lleva a soportar en silencio.

De hecho existen muchos casos en que las mujeres sufren de maltrato tanto físico como psicológico por parte de parejas abusivas y controladores que no las dejan ir porque las amarran donde más les duele, en esa carencia económica que no les permite encargarse de ellas mismas.