Créele, es sólo sexo, buen sexo

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La historia comprueba que muchas prácticas machistas se han generado por el miedo de los hombres a reconocer que la mujer puede ser dueña de su placer.

Es la discusión eterna que cuesta dirigir hacia comunes acuerdos. Cuántas veces hemos leído artículos al respecto, cuántas veces lo hemos conversado con nuestras amigas o pareja, cuántas veces hemos pensado que tenemos una visión clara, pero se derrumba cuando alguien opina algo distinto al respecto.

Objetivamente, el ser humano tiene órganos reproductores para eso: tener sexo. El hombre tiene pene, la mujer vagina y como ya lo sabemos, el pene entra en la vagina, y eso causa placer.

Dejando de lado problemas sexuales y complejos que, en la mayoría de los casos tienen que ver con que vivamos en este mundo moderno, no hay mucho más que discutir. Pero cuando decimos que además de vagina, la mujer tiene útero, ahí las cosas cambian.

Inmediatamente, se apela a la visión de la mujer como una potencial madre, que en realidad desea tener sexo porque “su naturaleza” le sopla al oído que con eso, ella puede cumplir su “necesidad biológica” de procrear.

Pero esa mujer que la sociedad insiste en catalogar como potencial madre, no tendría por qué tener impulsos de procrear distintos a los del hombre, o mirándolo desde otra perspectiva: si es así, el hombre también es un potencial padre, porque gracias a su esperma la mujer puede concebir.

No. Las mujeres también queremos sexo porque nos gusta, y podemos tener esa necesidad sin proyectarla en el futuro. Una mujer quiere sexo, y eso no significa que quiera que te conviertas en el potencial padre.

The Milk Club

The Milk Club

En una sociedad patriarcal como en la que seguimos viviendo, se sigue usando recursos bajos e ilógicos para hacer distinciones entre las mujeres que quieren sexo por placer y las que dicen que no.

Las que tienen la seguridad para decir que les gusta el sexo y que no quieren conexión emocional con esa persona (querer tenerla no merma esa seguridad), se les cataloga de putas o sueltas. Yo me pregunto, ¿hasta cuándo van a seguir pensando que eso va a insegurizar a una mujer que sabe lo que quiere?

La historia comprueba que muchas prácticas machistas se han generado por el miedo de los hombres a reconocer que la mujer puede ser dueña de su placer.

La mujer usaba faldas hasta los tobillos, porque la falda corta era “obscena”. Lo obsceno era, realmente, tener que llegar a extremos tan bajos para reconocer que la hombría muchas veces se confunde con un miedo extremo a no ser el único género que usa el sexo para su propio beneficio.

Suprimir la sexualidad de la mujer era (y es) la forma más segura de sentir que todo está bajo su control. Pensar que la mujer no quiere tener sexo por que sí es la prueba más fiel de ese miedo.

Un gran porcentaje de las mujeres que queda embarazada, no lo planea. Tiene sexo porque desea, porque quiere, sin pensar en esa supuesta necesidad de procrear.

¿Por qué siguen existiendo prácticas tan terribles como la mutilación genital femenina? Porque la sociedad patriarcal ya no sabe qué recursos usar para dominar el miedo a la mujer que sabe que tiene derecho al placer.

Cosas horribles como esas pasan porque de esa dominación, el hombre puede sentir que vuelve a tener ese control, y ese miedo heredado es tan potente, que se convierte en violencia y abuso. La mujer ya no sólo usa faldas hasta los tobillos, porque luego de años, se sobrepuso valientemente a las consecuencias que implicaban no hacerlo, que justamente eran ser catalogada de puta, o ser golpeada por un hombre que tiene más fuerza física (recurso infalible del hombre cobarde).

No se soporta el hecho de que la mujer puede tener orgasmos múltiples, que puede sentirlos vaginalmente o por la estimulación de su clítoris u otras zonas del cuerpo. Que no necesita un pene para sentir placer y que su mente sí puede separar el sexo de la emocionalidad.

Volvamos al origen y recordemos que cuando el hombre y la mujer llevaban pocos años sobre la Tierra, tenían sexo por instinto. La mujer no dejaba de hacerlo porque pensaba que otras mujeres le dirían que es puta. El resto, son ideas impuestas que no nos permiten disfrutar del sexo como realmente queremos.

Un hombre y una mujer pueden querer sexo sólo por placer y también, como consecuencia de una relación que implica amor y emocionalidad. No hay diferencias, o al menos, no son inherentes a la naturaleza del ser humano.