Soltera otra vez, y está bien

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Mimi Alas regresa con una nueva columna esta semana.

Hay momentos en la vida, donde estar con alguien suena como lo mejor de este mundo. Tienes un mejor amigo incondicional, un cómplice y alguien que te apapache cada vez que se ven. ¿Suena bonito no?

He pasado años tratando de buscar ese compañero de aventuras y hasta he construido una parte de mis sueños de ser escritora, creando artículos sobre relaciones y parejas.

Así como he tenido días en los que he estado con pantalones de pijama, oyendo Bleeding Love de Leona Lewis, mientras veo constantemente mi celular esperando un mensaje, he tenido otros en los que las citas marchan a la perfección, las emociones se viven a mil y siento que todo está como una película romántica de Kate Hudson.
Actualmente me encuentro soltera, después de una larga y bonita relación, y siento que la vida de “chica solitaria” es un nuevo mundo, completamente diferente a como estaba cuando dejé ese espacio del planeta.

Si hemos pasado por una ruptura, sabemos que es extraño al principio, en especial porque hay miles de dudas en tu cabeza sobre cómo será todo ahora que ya no están juntos. Cuestionas tu decisión y solo quisieras llamarle y decirle que regresen, que esta vez será increíble, pero luego recuerdas que hay motivos por los que decidiste actuar.

Con el tiempo, pasa el duelo, la resignación y el enojo, y luego es momento de salir al mundo real, y te das cuenta que te sientes como extranjera.

“¿Qué es eso de textear?”, “¿Cómo se viste hoy en día para una primera cita?”, “¿Voy en short o en pantalón? Me quiero ver sexy pero no taaaaanto” “¿Me escribe él o le escribo yo?”, “¿Y si mejor regreso con mi ex, digo, con él me sentía bien y no tenía que pasar por todo esto?”, “¿Será que mi llamado es el de estar solterona y con cinco gatos?”, “¿Y si me bajo Tinder? ¡No, que pena! Me puedo encontrar a alguien de la universidad ahí”.

Tenemos tantas preguntas acerca del amor y de cómo será el siguiente – si es que viene- que nos olvidamos de nosotros mismos y de qué pasó con quienes somos, ahora que estamos en una nueva etapa.

Muchas caemos en el mal de buscar nuestra identidad a través de una relación, y en lugar de proponernos convertirnos en “Paulina, la escritora reconocida” o “María, la doctora ejemplar”, nuestra meta es ser “Paulina, LA NOVIA DE Alejandro, el empresario” o “María, LA ESPOSA DE Roberto, el futbolista”.

Aclaro que no es que yo esté cerrada a la idea del amor, porque si estoy segura que en un futuro quiero casarme y formar una familia, pero quiero que esto suceda cuando ya esté satisfecha con quien soy, con mis logros y con los sueños que he cumplido.

Al parecer, hemos olvidado de qué es estar solas, porque inconscientemente siempre estamos ahí, esperando una llamada o un mensaje, aunque sea del tipito aquel que no nos gusta tanto, pero que nos habla para preguntarnos cómo estamos.

A la mayoría nos ha pasado, y es por eso que debemos de comenzar a entender ya no tenemos que ser princesas que buscan ser rescatadas por guapos hombres en armaduras, sino que debemos nosotras ponernos las armaduras y hacer de nuestra vida lo que nosotras siempre hemos soñado.

Cuando empezamos a comprender esto, es cuando nos damos cuenta que estar soltera no está mal, y que más que un tiempo de soledad, es un espacio para encontrar el amor por nosotras mismas, porque al final del día, somos solo nosotras frente al mundo, recogiendo y juntando las piezas de nuestro rompecabezas de vida, que eventualmente tomará forma, porque todo depende de nosotras y de buscar la felicidad nosotras mismas.