Algunos de los tips que se desprenden del libro recomiendan caminar como maniática, comer bien pero poco, tomar agua y eliminar la comida rápida de sus vidas.


Nueva York es una de las ciudades más importantes del mundo en lo que a moda se refiere. Pero además es la ciudad ícono de las chicas con actitud y estilo.

Esto lo sabe todo el mundo y también la escritora Eileen Daspin quien escribió un libro sobre las mujeres de Manhattan enfocado principalmente en su dieta y por qué estas son tan delgadas. El titulo es “La dieta Manhattan. Pierde peso mientras vives una vida fabulosa”, el cual ha tenido una dura crítica ya que algunos consideran que el libro podría ser una inspiración para las chicas con problemas alimenticios o anorexia.

La investigación para descubrir por qué las neoyorquinas siempre se ven tan delgadas y tonificadas se basó en la vida de 25 mujeres que escribieron sus hábitos alimenticios, además de incluir detalles importantes de su rutina diaria como caminar decenas de cuadras en vez de viajar en auto o subway. Daspin escribe que “el típico neoyorquino recorre a pie unos dos kilómetros al día entre sus actividades cotidiana no como deporte”.

Algunos de los tips que se desprenden del libro recomiendan caminar como maniática, comer bien pero poco, tomar agua y eliminar la comida rápida de sus vidas. Además, asegura que el aceite de oliva es clave en la alimentación junto con dejar SIEMPRE un poco de comida en el plato “aunque sea una miga pero tienes que estar consciente de que lo estás haciendo y observar cómo se va a la basura”, aquí si que lo encontré obsesionado.

También recomienda darse mucho tiempo para comer y disfrutar cada bocado. Jamás hacerlo caminando o en un auto. Un punto interesante es el que recalca que es bueno no siempre comer ensaladas y reemplazarlas de vez en cuando por un sándwich.

El libro no ha caído muy bien en la sociedad neoyorquina ya que como les conté en algunos casos pareciera avalar la mala alimentación. Rebbeca Flint es experta en temas de comida y criticó fuertemente la publicación en el sitio web chow.com: “Ella (Eileen Daspin) comienza el libro admitiendo que ha hecho dietas desde que tenía 12 años y continúa diciendo que sus amigas privilegiadas son mujeres a imitar. Está aquella que derrama agua sobre los restos de su comida para no verse tentada a comerlos, otra que sólo come arroz blanco y frijoles cuando ordena comida china, y otras que renuncian a las tentaciones de Tasti D-Lite (un conocido local de comida de Nueva York) por los placeres más seguros de un Tootsie Roll o Twizzlers (ambos caramelos típicos de Estados Unidos)”.

Me gustaría leer el libro para ver que tantas aberraciones descubrimos en él, a diario veo mujeres que piden una ensalada de almuerzo y comen la mitad o que en eventos nocturnos toman un pequeño bocadillo y solo se comen un pedazo. No sé si será el caso de las neoyorquinas pero seguro debe ser la misma tónica, el problema es que se hable como si fuera la panacea. Obvio que si no comes nada no engordas, pero te desmayas.

Fuente: www.nypost.com, www.emol.com

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Sobre el autor

Periodista, loca y desenfrenada. No tiene mascota ni hijos. Ama la cultura y el esmalte de uñas. El cine es su perdición y últimamente se ha puesto bastante farandulera, aunque en la universidad prometió que nunca lo haría. En Twitter es @dleigthon

Hace años que se viene hablando de las grandes empresas transnacionales que subcontratan fábricas en países con gran riesgo social ya que de esta manera abaratan costos. El grave problema es que las segundas también tienen el mismo objetivo y para esto tienen paupérrimas condiciones laborales, sus trabajadores a diario se encuentran sometidos a tratos esclavizantes e incluso emplean a niños y los explotan. De acuerdo a la cifra entregada por Organización Internacional del Trabajo (OIT), en el mundo hay más de 168 millones de niños trabajando, especialmente en la industria de la moda.

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Sin embargo, existe una organización sin fines neozelandesa llamada "Child Labor Free" que nació con el objetivo de crear una etiqueta ética la cual acredite que las empresas que la usen no están relacionadas al trabajo infantil en ninguno de los procesos de producción de sus productos. Claro que para esto, la empresa debe someterse a la auditoría independiente de la consultora Ernst & Young. Michelle Pratt es la directora general y fundadora de Child Labor Free y declara que el trabajo de protección a los niños en la industria de la moda se encuentra en paralelo al de los productos con etiqueta "cruelty free" en la fabricación de cosméticos.

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"Child Labor Free" cuenta con el apoyo de UNICEF y ya tiene un prototipo de la etiqueta que será presentada en la próxima semana de la moda de Nueva Zelanda.

Caso GAP y Victoria’s Secret

[caption id="attachment_523820" align="aligncenter" width="660"]Child Labor In China Niña China trabajando en el algodón.[/caption] Existen diversos casos al rededor del mundo. Un ejemplo es el de GAP que en 2007 se convirtió en un gran escándalo tras conocerse la investigación del Sunday Observer que reveló que la marca usaba niños para hacer camisetas para niños. ¿Irónico no? También muy conocida es la historia de lo ocurrido con Victoria’s Secret en 2008, la compañía de lencería más famosa del mundo lanzó una campaña publicitaria asegurando que el algodón usado estaba libre de pesticidas y provenía de tratos justos. El asunto es que un año después Bloomberg News publicó una historia que rompería el corazón de millones de fanáticos de Victoria’s Secret en todo el mundo. El medio especializado en economía, informó que en la recolección de este algodón se usaba a varios niños ya que sus manos eran más pequeñas y rápidas, mucho más eficientes para este trabajo. Además, hubo una historia que particularmente la mayoría recuerda y es la de una niña de 13 años que era obligada a trabajar por su padre adoptivo. Ella debía hacer los surcos donde luego se plantaba el algodón y además estaba en pésimas condiciones alimenticias.

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Sin embargo, existe una organización sin fines neozelandesa llamada "Child Labor Free" que nació con el objetivo de crear una etiqueta ética la cual acredite que las empresas que la usen no están relacionadas al trabajo infantil en ninguno de los procesos de producción de sus productos. Claro que para esto, la empresa debe someterse a la auditoría independiente de la consultora Ernst & Young. Michelle Pratt es la directora general y fundadora de Child Labor Free y declara que el trabajo de protección a los niños en la industria de la moda se encuentra en paralelo al de los productos con etiqueta "cruelty free" en la fabricación de cosméticos.

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