No es coincidencia que los estudios se llamen “carreras”.


Pareciera que no sólo mi reloj biológico me dice que ya voy tarde. Lo dicen los anuncios de trabajo que piden gente de 22 años con 5 de experiencia. Lo dicen las compañías donde los grandes directivos tienen menos de 30 años y también la gente que a mi edad ya se está graduando de maestría o doctorado. Y por supuesto, lo dicen los muchos anillos de compromiso y fotografías de boda que cada día aparecen en las historias de mi Facebook.

Una serie de coincidencias en mi vida hacen que vaya tarde en la vida. Primero porque me gradué de la preparatoria diez días antes de cumplir 19 años. Sumado a que me fui a estudiar la universidad hasta seis meses después de eso, y que por diversos motivos me atrasé en la misma otros seis. O sea, me gradué a la anciana edad de 24 años de la universidad.

Y en realidad no me pesaba mucho, hasta que empecé a buscar trabajo y las expectativas de experiencia para alguien de mi edad estaban muy lejos de mi alcance. Y terminaban ofreciéndome más opciones para estudiar una maestría que para trabajar.

La siguiente razón por la que no puedo evitar sentir que voy tarde es el hecho de que justo a mitad de la carrera, descubrí mi verdadera pasión en la vida. Y yo sé que no soy la única en esto, pero es en especial duro cuando esa pasión es la música, o algún arte, y ya hay mucha gente que lleva su vida en eso mientras tu te la pasas dando tumbos en eso y pasando algunos ridículos.

En especial cuando gente de tu edad o más joven ya tiene grandes logros (grammys, óscares, premios, etc). Los logros juveniles en efecto me causan esta especie de ansiedad social de que a estas alturas de mi vida ya debería tener algún logro importante, o al menos menos deudas en tarjetas de crédito.

¿A alguien le pasa lo mismo? Probablemente es sólo una impresión, pero me da esa necesidad imperante de apresurarme. No sé en qué, pero apresurarme.

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Sobre el autor

No le pongo café a mi azúcar. En Twitter me conocen como @dayfirefly

Hace años que se viene hablando de las grandes empresas transnacionales que subcontratan fábricas en países con gran riesgo social ya que de esta manera abaratan costos. El grave problema es que las segundas también tienen el mismo objetivo y para esto tienen paupérrimas condiciones laborales, sus trabajadores a diario se encuentran sometidos a tratos esclavizantes e incluso emplean a niños y los explotan. De acuerdo a la cifra entregada por Organización Internacional del Trabajo (OIT), en el mundo hay más de 168 millones de niños trabajando, especialmente en la industria de la moda.

937d028bcef0956664fd9609f4a49f3e

Sin embargo, existe una organización sin fines neozelandesa llamada "Child Labor Free" que nació con el objetivo de crear una etiqueta ética la cual acredite que las empresas que la usen no están relacionadas al trabajo infantil en ninguno de los procesos de producción de sus productos. Claro que para esto, la empresa debe someterse a la auditoría independiente de la consultora Ernst & Young. Michelle Pratt es la directora general y fundadora de Child Labor Free y declara que el trabajo de protección a los niños en la industria de la moda se encuentra en paralelo al de los productos con etiqueta "cruelty free" en la fabricación de cosméticos.

libre-de-esclavitud-infantil

"Child Labor Free" cuenta con el apoyo de UNICEF y ya tiene un prototipo de la etiqueta que será presentada en la próxima semana de la moda de Nueva Zelanda.

Caso GAP y Victoria’s Secret

[caption id="attachment_523820" align="aligncenter" width="660"]Child Labor In China Niña China trabajando en el algodón.[/caption] Existen diversos casos al rededor del mundo. Un ejemplo es el de GAP que en 2007 se convirtió en un gran escándalo tras conocerse la investigación del Sunday Observer que reveló que la marca usaba niños para hacer camisetas para niños. ¿Irónico no? También muy conocida es la historia de lo ocurrido con Victoria’s Secret en 2008, la compañía de lencería más famosa del mundo lanzó una campaña publicitaria asegurando que el algodón usado estaba libre de pesticidas y provenía de tratos justos. El asunto es que un año después Bloomberg News publicó una historia que rompería el corazón de millones de fanáticos de Victoria’s Secret en todo el mundo. El medio especializado en economía, informó que en la recolección de este algodón se usaba a varios niños ya que sus manos eran más pequeñas y rápidas, mucho más eficientes para este trabajo. Además, hubo una historia que particularmente la mayoría recuerda y es la de una niña de 13 años que era obligada a trabajar por su padre adoptivo. Ella debía hacer los surcos donde luego se plantaba el algodón y además estaba en pésimas condiciones alimenticias.

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Sin embargo, existe una organización sin fines neozelandesa llamada "Child Labor Free" que nació con el objetivo de crear una etiqueta ética la cual acredite que las empresas que la usen no están relacionadas al trabajo infantil en ninguno de los procesos de producción de sus productos. Claro que para esto, la empresa debe someterse a la auditoría independiente de la consultora Ernst & Young. Michelle Pratt es la directora general y fundadora de Child Labor Free y declara que el trabajo de protección a los niños en la industria de la moda se encuentra en paralelo al de los productos con etiqueta "cruelty free" en la fabricación de cosméticos.

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