Las heroínas de la masacre de Connecticut

De entre todo el dolor, quedaron actos de heroísmo y compasión que nos hacen pensar que no todo está perdido.

Si han leído las noticias últimamente, saben lo que ocurrió el viernes pasado en Connecticut, si no saben qué ocurrió. pueden leer al respecto aquí. No creo que sea necesario hablar de los hechos, ya se ha dicho mucho al respecto.

Es un misterio qué puede impulsar a una persona a llevar acabo algo así. Hay muchas opiniones, entre la cultura hiper-violenta, el hecho de que en Estados Unidos los ciudadanos tienen el derecho de portar armas, la cobertura de los medios, el hecho de que es una cultura donde hay mucho ostracismo, o que el sistema de salud mental es deficiente. Cualquiera podría ser la causa.

Esta vez no nos vamos a concentrar en el asesino o en los tristes hechos, queremos concentrarnos en las víctimas y los héroes de ese terrible viernes donde murieron 26 personas, de los cuales 20 eran niños. De las historias relatadas por los sobrevivientes, comienzan a surgir historias de heroísmo, entre las que destacan las de estas mujeres:

Victoria Soto, 27 años, maestra
La joven maestra murió tratando de proteger a sus alumnos de primer grado, escondió a algunos en un clóset y a otros en el baño. Murió tratando de proteger a sus alumnos con su propio cuerpo. Los que la conocieron afirmaban que le importaban más sus alumnos que ella misma.

Según sus familiares, falleció haciendo lo que más le gustaba en la vida. Hablaba de sus estudiantes no como sus alumnos, sino como sus niños.

Dawn Hochsprung, 47, directora y Mary Sherlach, 56, psicóloga
Dawn era una directora fuera de lo convencional. Estaba determinada a hacer de su primaria Sandy Hook el lugar idóneo, seguro y divertido para aprender. Ella y la directora se encontraban en una junta de padres cuando escucharon disparos.
De inmediato y sin pensarlo, salieron al pasillo donde ambas murieron tratando de detener al atacante.

Hubo más actos heroicos en los que los héroes lograron salvarse, el custodio que corrió a las aulas a alertar a alumnos y maestros. Las maestras que escondieron a sus alumnos para ponerlos a salvo y usaron su entereza y su amor para mantenerlos callados y tranquilos hasta que llegara la policía. Estas acciones salvaron muchísimas vidas, ya que en la primaria Sandy Hook estudian alrededor de 700 niños.

No pude terminar esta nota sin derramar algunas lágrimas. Y en definitivo lo confirmo: la labor de los maestros se encuentra devaluada, su aporte a la sociedad es enorme y su heroísmo en esta tragedia lo demuestra.

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